Agenda Ciudadana | La indiferencia es más de lo mismo

Columnas y Opinión

Por: David Chávez Camacho.

Durante el periodo de campañas electorales y el mismo día primero de julio, cuando haya que elegir a nuevos gobernantes municipales, estatales y federales, es posible que gane cuantitativamente la abstención, debido a la desesperanza y el cansancio que los ciudadanos sienten. No lo aseguro ni lo deseo, lo digo como algo posible, acaso previsible.

No es para menos que se sienta un tremendo cansancio no sólo político, sino existencial, dadas las condiciones de vida en México, que son violentas hasta el crimen y frustrantes de todo intento de mejora individual y social. El México actual pareciera premiar la perversidad, no la virtud; el engaño, no el esfuerzo. Lo anterior es especialmente duro para quienes tienen hijos, madres o padres que deben sustentar a su familia a pesar de los tremendos obstáculos.

Tras el cansancio, viene la desesperanza y luego la indiferencia, la idea de que no vale la pena esfuerzo alguno. A eso se agrega como peso el discurso que ciertos políticos anclados en lo peor de la tradición mantienen, los políticos que no han querido o no han podido observar el gran descontento, la tristeza cívica que abunda.

Esta tristeza cívica se torna en enojo. Ya lo probaron otra vez José Antonio Meade en el estadio de las Chivas, donde tuvo que escuchar el grito colectivo de “fuera, fuera”, así como Aristóteles Sandoval, cuyo video de bienvenida en la inauguración del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, fue recibido con abucheos.

Esos actos no son simbólicos, como los políticos tradicionales los perciben, o si lo son es que simbolizan algo muy real: enojo, hartazgo, evidencia del fracaso de la política inerte, muerta, congelada en la frialdad de tales políticos.

Sin embargo, el enojo no es indiferencia. Vale, pues, reiterar la invitación a las ciudadanas y a los ciudadanos a empezar el cambio necesario con el voto, desde lo político. Ni siquiera requiere de gran esfuerzo, apenas se necesita de unos minutos y de un segundo con trascendencia enorme, el de cruzar una u otra opción, votar.

A pesar de los políticos que en una sociedad diferente permanecen mal estacionados en lo mismo, las ciudadanas y los ciudadanos pueden generar movimiento, quitarlos, retirarlos, llevarlos a donde deben estar, al basurero de la historia.

Se dice que el pueblo mexicano es pasivo, patéticamente estoico, aguantador hasta la humillación. No es así, el pueblo mexicano se conoce, sabe que es mucho mejor apostar a las soluciones políticas que a la violencia. De violencia ya tenemos bastante, más que lo debido. No queremos violencia, queremos una paz que propicie justicia.

Hace falta un cambio, eso es más que evidente; permanecer en lo mismo es  traicionar a la vida, darnos la espalda a nosotros mismos. Venga, pues, el movimiento, la alianza con nuestras más preciadas aspiraciones.

 

*El contenido de esta columna representa la opinión del autor y no necesariamente la de Letra Fría*

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