Agenda Ciudadana | La sana conciencia

Por: David Chávez

Autlán de Navarro, Jalisco. 20 de julio de 2020. (Letra Fría) La reactivación económica es una urgencia y se le ha puesto en la balanza al lado de las acciones preventivas de una pandemia, como si economía y salud fuesen contradictorias. ¿Lo son? Si en verdad se contradicen, no sólo en esta coyuntura pandémica, ¿por cuál optamos? Hay aquí una pregunta que la sociedad no ha querido pensar plenamente.

No es una pregunta sencilla de responder, porque es falsa. En Autlán tenemos un serio problema con la contaminación derivada del uso de agroquímicos, lo que ha afectado la salud de personas de todas las edades. ¿Se debe continuar con tal contaminación o se debe proteger la salud de las familias? Nótese lo absurdo de tal cuestionamiento, pues ni siquiera debiera ser necesario plantearlo.

A la economía y a la salud se les ha sido convertido en una contradicción, pero deben ser complementarias. Si aún podemos recordar valores elementales, no parece necesario argumentar esta afirmación.

Entre esos valores básicos están el respeto a la vida humana y a la naturaleza, toda. Detrás o por delante de esta condición, ante la que ya no se puede ser indiferente, está el concepto de equilibrio.

El reto con tal concepto, el de equilibrio, es que requiere de pensamiento sutil, un tipo de pensamiento que no comulga con el salvajismo económico en boga desde hace décadas, tampoco con la politiquería partidista, ni con la corrupción vuelta mexicanidad, y aún menos con el desastroso pensamiento criminal que nada respeta.

El pensamiento sutil tampoco comulga con la degradación cultural que se ha generalizado para mantener a la población distraída, que muy bien reflejan la música de banda o el reggaetón, el sicarismo inculturado, la importancia excesiva del porrismo futbolero, la ignorancia convertida en identidad comunitaria o la religiosidad disminuida a magia dispensada por estafadores tipo «Deje de Sufrir».

La pregunta analizada al principio de esta columna es causada por la situación generada durante las décadas recientes, la que llevó a la economía a ser la contradicción de la salud, que devasta la salud humana y los ecosistemas. No es casual que una de las hipótesis de las causas que generaron la emergencia del nuevo coronavirus apunte hacia la devastación ambiental, lo que incluye el tráfico de animales y los cambios climáticos.

La pandemia de COVID19 y sus efectos no son una anomalía, un accidente en la normalidad, sino un síntoma que forma parte del guión de la desigualdad social y económica, de la indiferencia ante la corrupción, del elitismo que favorece a los rapaces y del basurero en que se convirtió al pensamiento de los individuos mediante la industria cultural que sublimó a nivel de arte al mero espectáculo, y de los noticiarios sirvientes de la politiquería y del patrocinio sin sana distancia.

La degradación cultural provoca una caída del orgullo propio, un sentimiento de minusvalía en las personas. Por ello se rechaza el cuidado de sí mismo, la más elemental práctica de la prevención, algo que no es complejo: lavarse las manos, utilizar cubrebocas, mantener un mínimo de distancia, hacer lo que cada quien debe hacer por sí mismo, y saber exigir a los gobiernos el cumplimiento de sus obligaciones.

Las y los mexicanos necesitamos una gran autocrítica, social, tan profunda que llegue a la intimidad de lo individual.

Veamos las vigas que atraviesan nuestros ojos.

MA/MA

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