Agenda ciudadana | LIBROS CARTONEROS, LA VERDAD PUBLICADA

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 15 de septiembre de 2020. (Letra Fría).Es muy posible que los lectores ignoren lo que es un libro cartonero. El 09 de septiembre pasado, se presentó uno, “Palabras a la distancia”, en el CAIJEJ, el Centro de Atención Integral Juvenil del Estado de Jalisco, por Tlaquepaque. Los libros cartoneros son llamados así por el reciclado de cartón para las portadas de cada uno de los ejemplares, que son ilustradas o pintadas por los participantes en los talleres de escritura literaria, edición, encuadernación e ilustración.

Los talleres cartoneros son una práctica comunitaria originada hace unos 20 años en Argentina y hoy presente en países de América, África y Europa. Quienes los organizan los ofrecen a personas en desventaja social que se convierten no sólo en lectores, sino en autores de sus propios libros con textos testimoniales, de relato y de poesía.

En cinco reclusorios de Jalisco se realizan talleres cartoneros, coordinados por dos editoriales cartoneras: La Rueda Cartonera y Viento Cartonero. Ya han publicado dos libros, uno del reclusorio femenil de Puente Grande y el ya referido del CAIJEJ. Los testimonios convertidos en libros son tremendos, una especie de diagnóstico no sólo personal, sino social.

A continuación, cito tres párrafos de tres autores distintos aparecidos en “Palabras a la distancia”, el libro cartonero realizado por adultos jóvenes internados en el CAIJE, todos ellos ya veinteañeros:

“Todo comenzó a la edad de 14 años, cuando empecé a juntarme en los barrios, empecé a ser bien desmadroso y bien drogadicto, mi familia ya no creía en mí, me corrieron de la casa, me fui a vivir con unos amigos que vendían droga en el barrio. Me ofrecieron trabajo con ellos y acepté, desde ese día me hice más valemadre. Cumplí mis 15 años y cometí mi primer delito, y me detuvieron, pero con los que trabajaba pagaron mi fianza, salí libre, y me tuve que enredar más porque tenía que pagar lo de mi fianza a los que me ayudaron a salir… a los 17 años yo era un sicario.”

“Todo comenzó a la edad de 13 años. Yo un niño con demasiada prisa para conocer todo de la vida, vivía con mis abuelos maternos, con tíos alcohólicos y dos que eran drogadictos. Empecé probando la marihuana con un tío y me gustó, poco a poco se perdió el interés de seguir estudiando la secundaria porque prefería juntarme en un barrio, por las noches pensaba que los amigos estaban primero por todo. Empecé por meterme en riñas, por apuñalar al del barrio contrario, luego ya eran disparos.”

“Un día me despierto, prendo un cigarro de mota, desayuno a gusto y al siguiente día me están torturando encerrado y sin saber nada de mi familia y ni ellos saben de mí; mientras te siguen golpeando, asfixiando y electrocutándote tú sólo puedes pensar: ¿cuándo va a terminar todo esto?”

Lo anterior, escrito por jóvenes que vivieron lo expresado, aplica para todo México. Una columna no tiene el suficiente espacio para analizar integralmente el problema de inseguridad que se vive, especialmente los jóvenes. Pero las y los mexicanos necesitamos asumir ya la responsabilidad al respecto, en cada uno de los ámbitos de la vida, lo que incluye a la familia, a la escuela, a las iglesias y a las instituciones públicas. Un joven no atendido en tales ámbitos, es atendido por los grupos organizados de la delincuencia, cooptado, integrado a sus filas.

México, rescátate a ti mismo, rescata a tus muchachos.

MA/JE

*Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente. Se prohíbe su reproducción si es con fines comerciales.

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