Agenda Ciudadana | ¡¿Quién vive?!

en Plumas

Por: David Chávez Camacho

Autlán, Jalisco. 22 de abril de 2019. (Letra Fría) Quienes ven en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador sólo actitudes y acciones “buenas”, debieran revisar su percepción de la realidad. Quienes sólo observan en AMLO actitudes y acciones “malas”, debieran igualmente reflexionar. Y quienes sólo observan obsesivamente a AMLO debieran ir al psicólogo urgentemente.

No sé si el presidente se ve sólo a sí mismo. No lo sé ni lo creo, pues tal sospecha suena excesiva, absurda. Pero quizá se observe en demasía. Quizá incluso verse demasiado a sí mismo sea una especie de patología de todos los gobernantes. Todos éstos “quizá” aplican también, obviamente, en el caso del gobierno del estado.

AMLO no es el principio ni el fin de la nación, del Estado ni del censo del INEGI; AMLO no está solo. México es mucho más que un solo hombre, por mucho que ejerza un liderazgo como no se veía desde hace décadas. Y en Jalisco, Enrique Alfaro, pues, igual, no lo es todo, ni mucho menos.

Hay, claro está, antecedentes históricos que revelan la fuerza del carisma personal y cierta o mucha terquedad en líderes que han encabezado movimientos renovadores, los caudillos. Es casi obvio que así se ven AMLO y Alfaro. Lo que no queda claro es si ello es cura o síntoma político. Si es cura, creo que es muy aceptable el entusiasmo con una pizca de escepticismo. Si es síntoma, el asunto es para preocuparse.

Estas especulaciones vienen al caso porque se supone que nos interesa la democracia, que no significa estilo personal de gobernar ni toma de decisiones personalistas o solipsistas. Espero que no sólo sea una suposición, pues la Constitución mandata democracia en la vida pública del país. Y no refiere sólo un tema académico, sino una formalidad política y gubernamental.

Es claro que movimientos tan interesantes como el de MORENA en México y el de MC en Jalisco debieron mucho al carisma de quienes los encabezaron, pero ya en gobierno las decisiones deben legitimarse con muestras de que se escucha a la población. De hecho, su éxito en campaña se debió mucho a que parecieron ser las opciones políticas que más escucharon a la población, su enojo, su exigencia de cambios.

Gobernar desgasta a quien gobierna. Ésta ley es más intensa cuando se trata de gobernantes que en campaña generaron mayores entusiasmos y esperanzas. Tal es el caso de AMLO y de Alfaro, quienes a pocos meses ya podrían ver disminuida su respectiva aceptación o popularidad. Habría que medir, pero lo observable y previsible es que haya una reducción.

Bien pudiera ser que tal disminución de su popularidad haya sido prevista por ellos mismos. Pero el asunto que aquí interesa no tiene que ver sólo con sus estrategias de comunicación, si es que las tienen, sino con lo que esa reducción de popularidad representa. Y lo que representa es fallas, errores, incongruencias.

Habrá que ver, medir, reitero, pues la opinión pública no es campo de inocentes. Quien participa de ella nunca lo hace desinteresadamente, y en esta época de bots y trolls, nadie sabe bien a bien quién vive, como se preguntaba en la Revolución.

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