Agenda ciudadana | Una combi llamada México

El día de hoy, David Chávez Camacho habla sobre el desmedido problema de la delincuencia en México y las reacciones violentas que provocan en los ciudadanos ante la falta de una solución institucional.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 12 de agosto de 2020. (Letra Fría) Durante estos días, no sin antecedentes previos, los mexicanos hemos sido testigos mediáticos de linchamientos o reacciones violentas contra presuntos delincuentes. Hay varios aspectos que reflexionar al respecto, pero espero que sea de absoluta obviedad indicar que tales sucesos manifiestan una realidad social y pública muy negativa.

La justicia por propia mano es un síntoma, no una cura para una sociedad enferma de impunidad y de disfuncionalidad moral e institucional.  Las instituciones menos o más fallidas no son solo las gubernamentales, también lo son las sociales, privadas y particulares. Las familias, por ejemplo, pero también las asociaciones civiles, las iglesias, los medios de comunicación, las universidades, los organismos empresariales, etcétera. Todas y todos viajamos en esta combi llamada México.

Hay no pocos mexicanos hartos de la delincuencia, y no es para menos. Hay también quien indica la necesidad de enfocarnos en los derechos humanos, con toda razón. Hay quienes explican gran parte de la delincuencia como derivado de la inequidad económica, y aciertan. Hay quienes señalan la pérdida moral en nuestra sociedad, y ello es evidente. Las visiones del problema son estas y otras más. Sin embargo, no son integradas.

Y a todo lo anterior se suma un problema más, mayúsculo; el de la pandemia de COVID-19 y sus efectos en todos los aspectos de la vida individual y social. Son, por el momento, efectos negativos, y los sucesos apuntan hacia un agravamiento de la situación económica, lo que obviamente agravará todo lo demás.

Es de lógica elemental deducir que una realidad tan problematizada como la que ya vivimos no será resuelta y superada con linchamientos. En todo caso, tales hechos decadentes podrían llamar la atención sobre la cada vez más difícil situación social que debemos de afrontar.

Y en estas circunstancias, uno se pregunta si los actuales gobernantes y también los políticos que serán los próximos candidatos han sentido y han reflexionado lo suficiente respecto a los graves retos sociales que ya empiezan a asomar.

El problema es que no se observa por ningún lado una visión integral del asunto. Los políticos no trascienden su visión exclusivamente política y electoral. Los empresarios agremiados no parecen entender nada más allá de sus intereses capitalistas. Y así por el estilo, cada sector o grupo sólo ve por sí y para sí.

Sin embargo, son los políticos el grupo de quien uno esperaría por lo menos la capacidad y la intención de nombrar los grandes retos que enfrentamos, así como propuestas serias de solución. Lo que desde hace meses se ha dado por llamar “nueva normalidad” no parece ser un concepto que se entienda en toda su profundidad. Estamos ya en otro mundo, uno muy distinto, con incertidumbres nuevas, depresiones nuevas, sentimientos que supongo la humanidad sólo había sentido antes durante las dos guerras mundiales.

Estamos en el parto doloroso de otra época, otra cultura, otra forma de vivir, y me temo que esta nueva época nos encuentre distraídos, pensando que aún estamos en el pasado, el tiempo de hace apenas nueve meses.

Si el símil se me permite, tendremos que nacer de nuevo, y no sabemos ni parecemos querer saber quiénes querríamos ser, cómo ni para qué.

LL/LL

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