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Árboles… | Idas y vueltas

El Grullo ha ido perdiendo poco a poco los árboles que lo vieron crecer, sin justificación, ignorando las normas existentes al respecto. A pesar de ser un pueblo en el que el calor es agobiante, es casi imposible encontrar una sombra natural bajo la cual descansar y refrescarse. Los árboles que servían de referencia también se han ido, esos árboles que servían para dar identidad. Por tal motivo, es de aplaudir la decisión de conservar el árbol que distingue a la escuela Niño Artillero. ¿Cuál es esa escuela? Precisamente la de la parota que está por el periférico, la imponente parota que ha visto pasar bajo sus ramas a generaciones de estudiantes, que día a día da la bienvenida a niñas y niños de los que es parte de su vida. 

Néstor Daniel Santos Figueroa

El Grullo, Jalisco. 15 de junio de 2022. (Letra Fría) En el neolítico, cuando nacieron las aldeas no había árboles en ellas. A medida que estos núcleos de población crecieron en extensión y poder, nacieron en torno al año 3000 a.C. los primeros núcleos de población, a los que podemos dar el nombre de ciudad tal como la entendemos en la actualidad. Los primeros jardines nacieron en las urbes más poderosas, alrededor de los palacios y las casas de la nobleza. Estos jardines se mostraban como la expresión estética de la belleza a través del arte y la naturaleza, una expresión cultural de la vida civilizada, y fueron un distintivo exclusivo de poder político y económico hasta finales del siglo XVIII. 

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Tras la Revolución Francesa, el urbanismo moderno comenzó a incluir los árboles en el casco urbano; se crearon parques y jardines de uso público, y el arbolado se convirtió en un elemento inseparable en el diseño de las grandes avenidas primero y de las calles secundarias más tarde. En la actualidad, los árboles están integrados en el urbanismo como un elemento inseparable del edificio o el barrio. 

Los beneficios de los árboles en la ciudad son muchos: ornamentar las vías y espacios públicos y privados; conformación de barreras, bardas o cercas vivas; moderación de ruidos, polvos, radiación solar y temperatura; permiten la captación de agua; disminuyen la contaminación; proporcionan sombra; participan en la producción de oxígeno y captación de carbono; sirven como refugio para algunas especies de fauna; y algunas especies proporcionan frutos comestibles; Además, históricamente se han empleado como punto de referencia y han llegado a representar un valor social particular. Por lo anterior, es obvio que su presencia es trascendente, ya que influyen en el mejoramiento de la calidad ambiental.

Muchos pueblos primero fueron ranchos. En ellos siempre hubo árboles, en los patios, afuera de las casas. Muchos servían para medir distancias, como referencia. Existen apellidos que nacieron de un árbol, se reconocía a las personas con el nombre del árbol con el que se distinguía su residencia: Manzano, Castañeda, Higuera, Perales, Pereira, Pineda, Olivares, Olivas, Robles, Carbajal, Salcedo, Olmedo, Olmos, Parra. El ser humano bautizó así a los árboles y estos le devolvieron el favor. 

Varios estudios médicos han demostrado que los pacientes que pueden ver árboles desde sus ventanas, especialmente los que yacen en una UCI, sanan más rápido y con menos complicaciones. También se ha comprobado que los síntomas de los niños con trastorno por déficit de atención, hiperactividad y autismo remiten cuando tienen acceso a la naturaleza o a parques urbanos.

En general, estar bajo un árbol relaja y facilita la concentración. También las estadísticas muestran que en los barrios sin vegetación en las calles se da una mayor incidencia de la violencia que en los que abunda el arbolado, aunque en estos datos hay que considerar otros factores socioeconómicos como la pobreza y marginación social que suele acompañar a los vecindarios sin árboles. 

Desde los albores de la humanidad, los árboles han sido centros de reunión, deliberación y fiesta. Prácticamente todas las culturas han tenido en su historia a uno o más árboles considerados como sagrados y proveedores de bienestar. Las personas se reúnen bajo los árboles con espíritu lúdico, para conversar, jugar, comer o celebrar fiestas. Los árboles pueden convertirse en la identidad de un vecindario y pueden incluirse en programas educativos, como se ha realizado con éxitos en muchas ciudades. 

El escritor español Azorín decía que el odio, la antipatía o el rencor hacia los árboles se configuran como una tradición castiza, neta e innegable sustentada en la incapacidad para entender la complejidad de la relación de los árboles con nuestro paisaje y con nosotros mismos.

El Grullo ha ido perdiendo poco a poco los árboles que lo vieron crecer, sin justificación, ignorando las normas existentes al respecto. A pesar de ser un pueblo en el que el calor es agobiante, es casi imposible encontrar una sombra natural bajo la cual descansar y refrescarse. Los árboles que servían de referencia también se han ido, esos árboles que servían para dar identidad. Por tal motivo, es de aplaudir la decisión de conservar el árbol que distingue a la escuela Niño Artillero. ¿Cuál es esa escuela? Precisamente la de la parota que está por el periférico, la imponente parota que ha visto pasar bajo sus ramas a generaciones de estudiantes, que día a día da la bienvenida a niñas y niños de los que es parte de su vida. 

MA/MA

Nacido en El Grullo, Jalisco. Estudió la licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara, además de talleres y diplomados en periodismo, biblioteconomía y gestión cultural. Ha ejercido profesionalmente como docente en las áreas de comunicación, lengua, literatura y humanidades; se ha desempeñado como reportero, articulista y columnista en medios locales y regionales en El Grullo y Autlán; ha participado en la edición y publicación de revistas literarias y culturales en El Grullo. Actualmente es desarrollador de contenidos educativos.
Correo: nestordanielsantos@gmail.com

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