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Desprecio | Simpatía por el débil

«Cuando el orgullo almuerza con la vanidad, cena con el desprecio«. Benjamín Franklin

Por: Jesús D. Medina García.

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Autlán de Navarro, Jalisco. 17 de julio de 2022. (Letra Fría) Desprecio: Acción de condenar o despreciar; actitud mental en la que una cosa o persona se considera de poca importancia, o rechazable o de poco valor. Condición de ser condenado o despreciado; deshonor, desgracia. Objeto de desprecio. Desobediencia o abierta falta de respeto a la autoridad o a las órdenes o normativas legítimas del soberano, los privilegios del congreso o cualquier otra institución.

Indicadores físicos según Darwin: descubrir el diente canino de un lado de la boca, risa o sonrisa desdeñosa o burlona, entrecerrar los párpados, apartar la mirada o el cuerpo entero, arrugar mucho o un poco la nariz, contraer los orificios nasales, resoplido bucal o nasal, hacer bocina con los labios o elevarlos, encoger o estirar una de las comisuras de los labios, chasquear los dedos, apartar la mirada de un pequeño objeto imaginario, morderse la uña pulgar.

El desprecio por el mundo forma parte de la tradición cristiana, ese desprecio definió a las sectas gnósticas y juanista de los años que siguieron a la fundación de la Iglesia y ha constituido el espíritu rector de las comunidades monásticas, particularmente de las órdenes de clausura que no mantienen contacto casi de ningún tipo con el mundo exterior, desde el principio de la era cristiana. 

Otra forma de desprecio se presenta cuando hay elecciones, en cualquier ámbito y de cualquier tipo. Al votar por una opción, de alguna manera desprecias a esas señoras o señores que has visto hasta el hartazgo en fotos, carteles, en las redes, en la tele…uf, cuando decides no votar por ellas los estás despreciando. 

El personaje

Era la máxima autoridad de una institución de educación superior, era un gran investigador, tenía decenas, cientos, miles de publicaciones, hablaba tres idiomas, conocía más de 20 países, daba conferencias, organizaba coloquios, congresos, festivales.

Vestía elegantemente y ganaba un gran sueldo. Muy formal, serio, circunspecto, arrogante. El trato con los demás era muy frío, casi no salía de su elegante oficina, paulatinamente se fue forjando una fama de soberbio, secretarias y empleados preferían darle la vuelta, evitar el saludo las pocas veces que el funcionario recorría algún pasillo del campus.

Esta situación la detectó, pero no encontraba la forma de expresar el malestar que le generaba ese desprecio. En una ocasión como no queriendo la cosa le dijo a su secretario particular: 

– emmm, ejemmm, oye Juan…mmm, no estoy seguro, pero creo que cuando transito los pasillos la gente como que me evade, como que se hace que no me ve o de plano me sacan la vuelta, no me saludan-, dijo.

El secretario ya sabía de esa situación desde luego; pero pues… cómo decírselo.

– no, no creo Doctor que eso sea así, la gente es distraída-, respondió.

– no Juan, es intencional, investiga porqué esa actitud y si lo consideras conmínalos a revertirla… ¡Tienen que saludarme!- enfatizó.

Vaya tarea para Juan, inteligente; buscó a los líderes de la comunidad uno por uno los fue llamando a su oficina, les ofrecía un café, agua, galletas, les preguntaba por el estado de su familia (ni las conocía) y ya después les decía sutilmente que el clima laboral era importante, que el Doctor era buena persona, un poco tímido, pero “buen gente”, que lo saludaran… por favor.

Pero resulta que la estrategia no funcionó, al contrario; molestó a quienes había citado por lo que se organizaron, se reunieron, discutieron y decidieron: mañana pondremos en la entrada de su oficina una gran manta que diga “Ave César: los que van a morir te saludan”, frase que usaban los antiguos gladiadores romanos frente al emperador antes de iniciar el combate, que por lo general acababa en una verdadera carnicería. 

Pues al día siguiente, los empleados de intendencia muy temprano colgaron la manta, sabiendo que el Doctor llegaba temprano, cuando, vio la manta, enfureció, no había nadie alrededor, aunque lo estaban espiando, habló por teléfono.

– Juan, Juan … ¿dónde diablos estás? Han hecho una grave ofensa a la institución-, le dijo.

– Doctor, estoy entrando al estacionamiento… ya voy-, le respondió.

Cuando llegó a la entrada de la oficina el secretario casi se desmaya del susto, sacó su celular llamando al personal de intendencia para retirar la manta.

– ¡Son despreciables!- condenó.

Quiso tomar medidas represoras disfrazadas de “instrucciones para el buen gobierno”, nadie le hizo caso, al contrario, del sindicato le enviaron un mensaje pidiéndole que ya dejara de intimidar al personal… al cabo ya estaba terminando su periodo. Y así fue, se regresó a su rancho sin pena ni gloria ni cambio de actitud. ¡Ave César!

El poema

Esos son

Yo también los he visto

                                    por ahí…

Divagar desnudos del corazón…

                                    Pero en cámara lenta.

Los he visto.

                      Por ahí…

Impregnarse a los muros de la ciudad…

                      Como si nada existiera.

Los han visto por ahí

agotando la noche

despreciando la vida

y quemando neuronas…

                             ESOS SON LOS OTROS AMOROSOS

                             ESOS SON LOS SUICIDAS

Yo también he caminado por ahí.

MA/MA

Queda prohibida la reproducción total o parcial. El contenido es propiedad de Letra Fría.

Historiador y escritor. Ha publicado en diversas revistas, medios y modalidades. Es profesor investigador titular de la Universidad de Guadalajara.

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