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En México tenemos un tallo de milpa por columna vertebral

Foto: SADER

En nuestro país existen 64 razas de maíz. A unos kilómetros de aquí, las comunidades indígenas del ejido de Ayotitlán, en el corazón de la  Reserva de la Biósfera Sierra de Manantlán, protegen y fomentan el cultivo de 4 variedades de maíz nativo; se trata de maíz tabloncillo, reventador, tuxpeño y elotero de Sinaloa. Este ejido considerado como el más grande del país, territorio de comunidades indígenas nahuas, también es el hogar del llamado “teocintle”, uno de los ancestros biológicos del maíz actual.

Por: Darinka Rodríguez

Autlán de Navarro, Jalisco. 29 de septiembre de 2021.- (Letra Fría) “De tierra, agua, sol y aire se hacen las mazorcas”. Imposible serpentear por los caminos de esta región sin que aparezca de repente el verdor de una parcela de milpa meciéndose con el viento. Los jaliscienses crecimos contemplando el maíz, alimentándonos de él; inclusive las historias de nuestros antepasados giran en torno a los granos de este cereal tan importante en la construcción de nuestra cosmovisión.

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Es precisamente al gran impacto que tiene este cultivo en la vida cotidiana de las y los mexicanos, que cada 29 de septiembre se conmemora el Día Nacional del Maíz.

En la novela La Feria, del escritor zapotlense Juan José Arreola, el personaje conocido como Juan Tepano, líder de los tlayacanques (pueblo originario de Zapotlán el Grande), narra cómo hace muchos años el maíz era un grano muy codiciado por todos los pueblos de la región, al punto de provocar conflictos entre ellos. 

“Ustedes ya no se acuerdan, pero los cuervos trajeron otra vez el maíz a Zapotlán, cuando nos lo quitaron las gentes de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Todos vinieron y nos quitaron el maíz. De pura envidia de que aquí se daba mejor que allá. Aquí se da mejor que en todas partes y por eso nuestra tierra se llamaba Tlayolan, que quiere decir que el maíz nos da vida”.

Lo cierto es que no solo Tlayolan, sino todo México es tierra de maíz; el maíz nos da vida. En nuestro país existen 64 variedades de maíz. A unos kilómetros de Autlán de Navarro, las comunidades indígenas del ejido de Ayotitlán, en el corazón de la  Reserva de la Biósfera Sierra de Manantlán, protegen y fomentan el cultivo de 4 variedades de maíz nativo; se trata de maíz tabloncillo, reventador, tuxpeño y elotero de Sinaloa. Cada uno de ellos con granos de diferente color, tamaño y textura. 

Fotografía: SADER

Hace apenas un año, el 13 de abril de 2020 fue publicada en el Diario Oficial de la Federación la Ley para el Fomento y Protección del Maíz Nativo, la cual tiene como objetivo recuperar el maíz como patrimonio de los mexicanos. Uno de los apoyos derivados de esta ley fue el Programa de Conservación de Maíz Criollo; gracias a este programa se logró construir un Banco de Semillas Criollas, en el ejido de Ayotitlán, en el municipio de Cuautitlán de García Barragán. Este ejido considerado como el más grande del país, territorio de comunidades indígenas nahuas, también es el hogar del llamado “teocintle”, uno de los ancestros biológicos del maíz actual.

Este 29 de septiembre no solamente celebramos los atributos alimenticios del maíz, sino que honramos la riqueza en las concepciones sobre este cereal en la historia de nuestros pueblos originarios. “Las milpas han brotado, y el campo, al atardecer, está lleno de estrellitas verdes”, describe Arreola en una de las páginas de su novela, y yo puedo ver a través de sus palabras todos los maravillosos paisajes maiceros que se alzan en la región. Hago un recorrido por estas historias, por los versos, cuentos y novelas que hablan del maíz, y casi podría asegurar que las y los mexicanos tenemos un tallo de milpa por columna vertebral.

*Todas las citas incluidas en este texto son de la autoría del escritor Juan José Arreola, y están incluidas en su novela La Feria (1963).

DR/

*Queda prohibida la reproducción total o parcial. El contenido es propiedad de Letra Fría*

Egresada de la Licenciatura en Periodismo del Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara. Colaboró como reportera para Radio Universidad de Guadalajara Ciudad Guzmán, y en el periódico mensual El Puente. Apasionada de las letras y la defensa de los Derechos Humanos.

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