Encuentros | El presupuesto federal y las prioridades para 2020

en Plumas

Oswaldo Ramos reflexiona a propósito del Presupuesto de Egresos de la Federación y las metas del gobierno federal de cara al próximo año.

Por: Oswaldo Ramos

Autlán de Navarro, Jalisco. 8 de octubre de 2019. (Letra Fría) Como es propio de esta época del año, nos acercamos a etapas de definición que dictarán la manera en que serán distribuidos los recursos públicos en nuestro país, lo que desde luego, tiene implicaciones en las obras y actividades prioritarias de nuestro estado y municipios. Ejemplo de ello es la Línea 3 del tren ligero que ve postergada una vez más la fecha para su finalización.

En términos generales, la asignación de recursos mediante el Presupuesto de Egresos de la Federación, que en este momento se encuentra en etapa de proyecto, tiene como fin primordial sentar las bases para que los objetivos y metas planteados dentro del Plan Nacional de Desarrollo puedan ser alcanzados. 

En el discurso, en las “mañaneras” del presidente López Obrador y en las políticas que ha emprendido en gobierno federal, una de las constantes ha sido alejarse de lo que han denominado “tecnocracia”. En el costal del neoliberalismo caben muchos de los males que nos han aquejado, incluyendo a la desigualdad tan marcada que vivimos en nuestro país como uno de ellos.

Otro término de políticas adoptadas por esta 4T y que vale la pena traer al análisis, es el de la austeridad republicana, que ha transitado entre combatir la corrupción, el uso inadecuado de los recursos públicos y el debilitamiento institucional, del cual existen ejemplos palpables y sobre uno de los cuales les hablaré en la siguiente entrega, por ser un tema que directa o indirectamente influye en nuestras vidas.

¿Hacia dónde vamos según el presupuesto de egresos para 2020?

De manos del secretario de Hacienda, Arturo Herrera, diputadas y diputados del Congreso de la Unión han recibido el paquete económico de 2020 y ahora es su encomienda revisar la asignación de recursos que al momento ha sido proyectada.

Como era de esperarse, los rubros de bienestar social, seguridad y Pemex son los que se perfilan para recibir mayores recursos, y por tanto, serán temas prioritarios en la agenda del gobierno federal. Ejemplo de ello es el incremento proyectado en un 11% para el presupuesto de la Secretaría de Bienestar, o los 86 mil millones de pesos con los que se espera pueda contar Pemex, de los cuales, 46 mil millones son para capitalización, es decir, para buscar “levantarla”, lo cual desde luego, vuelve muy polémico a este tipo de inversiones, además de que no responde a una visión de política energética que debería encaminarse hacia la transición y la sustentabilidad.

En miras a lo que viene para el siguiente año, uno de los temas en los que vale la pena hacer un análisis en particular es el de bienestar, puesto que podremos vivirlo y medirlo en la economía de quienes son nuestras vecinas o vecinos, y viéndolo desde el enfoque de la pregunta: ¿qué tan eficaces han resultado los apoyos entregados de manera directa?

Lo anterior no es porque la práctica sea mala por sí misma, sino porque cada apoyo de este tipo debe hacerse pensando en la movilidad social, es decir, sentar condiciones para que las personas puedan desarrollarse de manera adecuada y escalar en su situación económica. Componentes fundamentales para ello son el trabajo digno y bien remunerado y el acceso a la educación y a servicios de salud de calidad, siendo este último rubro uno de los que más incertidumbre siembra, pues a la Secretaría de Salud se le reduciría el presupuesto en un 0.1% respecto a lo asignado el año pasado.  

El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación prevé un crecimiento del PIB estimado entre el 1.5 y el 2.5%, cifras que podemos considerar sensatas dado el ritmo que ha tenido la economía mexicana, la cual cayó incluso en un periodo de desaceleración. Más allá de cómo se comportará el PIB, nos preocupa cómo se encontrarán nuestros bolsillos para 2020.

La idea de dejar de medir el crecimiento económico y el desarrollo social, únicamente desde las cifras que arroja el PIB, es una concepción sensata e idónea, puesto que el Producto Interno Bruto no nos dice que también incrementa brechas entre “ricos” y “pobres”. Apuntar hacia el bienestar es más complejo pero integral, y debe trazar la ruta a seguir. Justamente el gobierno federal ha buscado encaminarse hacia allá, pero en ese andar aún no tenemos datos reales sobre qué tanto se ha avanzado.

Otro aspecto que esperemos no quede de lado, pues es un tema de reivindicación y de memoria histórica, es el relacionado con el campo mexicano. Emprender una política de precios justos para que pequeños productores puedan competir y generar ganancias dignas por su trabajo es un paso que debe darse si queremos evitar que sigan siendo devorados por grandes capitales. La alternativa de los precios de garantía puede ser luz, siempre y cuando se ejecute correctamente y vaya sin acaparadores o intermediarios.   

LL/LL

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