/

Jarabe de maíz de alta fructosa… el silencioso consumo de los mexicanos

Alguna vez te haz preguntado ¿por qué un rico postre, un cremoso café o un burbujeante refresco son tan dulces? o mejor aún ¿con qué son endulzados? Investigadoras del Centro Universitario de la Costa Sur nos hablan del jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), uno de los endulzantes más utilizados en los últimos años, sin embargo su popular consumo se ha relacionado con múltiples enfermedades como obesidad, síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares entre otras.

Foto: Darinka Rodríguez
Foto: Darinka Rodríguez

Por: Dra. Carmen Livier García Flores, MNH. Itza Carmina Salazar Quiñones y MC. Yerena Figueroa González.

Autlán de Navarro, Jalisco. (Letra Fría).- Uno de los placeres en la vida es sin duda el comer, pero comer un alimento dulce como un rico postre, un cremoso café, una refrescante agua de sabor y un burbujeante refresco, es un deleite al paladar. Pero alguna vez te haz preguntado ¿por qué todos ellos son tan dulces?, ¿por qué cada vez pareciera que son más dulces?, o mejor aún ¿con qué son endulzados?

Anuncios

APYSA

Actualmente existe una amplia variedad de sustancias en la industria alimentaria utilizadas para endulzar los alimentos, una de ellas y quizás la más antigua que todos conocemos es la azúcar de caña; sin embargo, ese sabor peculiar de las productos alimenticios que consumimos hoy en día, son en su mayoría endulzados con edulcorantes artificiales, que tienen el poder de endulzar hasta 200 más veces que el azúcar como el aspartame y aceculfame K, 300 veces más como la sacarina o 700 veces más como la sucralosa.

En este sentido, el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), también conocido por sus siglas en inglés como HFCS (high fructose corn syrup), es uno de los endulzantes más utilizados y ha sido en los últimos años uno de los principales ingredientes en diferentes productos alimenticios como bebidas, productos de panadería, dulces, helados, entre otros. No obstante, su popular consumo se ha relacionado con múltiples enfermedades como hipertrigliceridemia, obesidad, dislipidemias, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares.

Anuncios

Gallery

Otros de los efectos que tiene el consumo elevado de este jarabe es la poca tolerancia del intestino con el consumo de grandes concentraciones de esta sustancia, provocando diarreas. Además, se ha identificado que de no causar diarrea tras una cuantiosa ingesta, se metabolizará rápidamente hasta transformarse en triglicéridos, por lo tanto, es conocido como promotor de la ateroesclerosis.

Un dato interesante es que el alto consumo en adolescentes de productos que contienen JMAF, se ha relacionado con la elevación de niveles plasmáticos de glucosa y por si no fuera suficiente, otro de los efectos adversos del consumo de JMAF es la producción del aumento de tejido adiposo visceral, músculos con grasa, enfermedad de gota e hígado graso.

Por consiguiente, se podría pensar que su consumo debería estar limitado, sin embargo, a nivel mundial el éxito de su utilización como endulzante principal en alimentos y bebidas, es debido al bajo costo de producción y compra en comparación con endulzantes como la sacarosa (azúcar de caña), que era utilizada anteriormente con mayor frecuencia como el endulzante principal. No obstante, aun cuando resulta tan dañino el consumo de este edulcorante, no existe en la actualidad un límite del contenido añadido a productos alimenticios, por lo que se puede utilizar indistintamente en múltiples alimentos.

En este sentido, cabe resaltar que a nivel mundial se ha intensificado el consumo de bebidas endulzadas, como jugos, refrescos, leches saborizadas, bebidas energéticas, tés endulzados entre otros, relacionados con el desarrollo y prevalencia de sobrepeso y obesidad, reportando así 655,000 muertes atribuibles al consumo de bebidas endulzadas, incluidas comorbilidades como diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares y cáncer. Para lo cual, México es uno de los países con mayor consumo de bebidas carbonatas, también conocidas como refrescos, de aproximadamente 115,4 litros per cápita al año.

Por lo antes mencionado, ¿qué podemos hacer para evitar el consumo de este tipo de endulzantes? Como mexicanos resulta complicado dejar de lado el consumo de estos productos endulzados, debido a que la población ha desarrollado a lo largo de los años, un arraigo con los alimentos dulces, pero eso no nos exime de hacer mejores elecciones de los alimentos y bebidas que consumimos, y principalmente exhortar a la industria alimentaria a utilizar con mesura o incluso evitar el uso de endulzantes como el JMAF, con el que se elaboran múltiples productos alimenticios que van dirigidos tanto para niños como adultos.

 Una estrategia práctica que podemos aplicar, es habituarnos a identificar en el etiquetado nutrimental la lista de ingredientes, para conocer qué es lo que estamos ingiriendo, y tratar de preferir aquellos productos que no contengan JMAF y sean endulzados con sustancias más naturales, pero sobre todo debemos cuidar la cantidad que ingerimos, pues bien lo dice el dicho “poco veneno no mata”. 

Referencias bibliográficas:

Bellisle, F., Drewnowski, A., Anderson, H., Westerterp-Plantenga, M., & Martin, C. (2012). Sweetness, Satiation, and Satiety. The Journal of Nutrition, 142(6), 1149S-1154S. doi: 10.3945/jn.111.149583.

Castillo-Urueta, P., García-Gómez, R., & Durán de Bazúa, C. (2003). El consumo de fructosa: riesgos para la salud y la economía. Revista Ciencia, 77-84. Recuperado de: https://www.revistaciencia.amc.edu.mx/images/revista/54_2/consumo_fructuosa.pdf

Esquivel-Solís, V., & Gómez-Salas, G. (2007). Implicaciones metabólicas del consumo excesivo de fructosa. Acta Médica Costarricense, 49(4), 198-202. Recuperado de: http://www.scielo.sa.cr/pdf/amc/v49n4/3543.pdf

Gómez-Miranda, L., Jiménez-Cruz, A., & Bacardí-Gascón, M. (2013). Estudios aleatorizados sobre el efecto del consumo de bebidas azucaradas sobre la adiposidad en adolescentes y adultos; revisión sistemática. Nutrición Hospitalaria, 28(6), 1792-1796. doi:10.3305/nh.2013.28.6.6769.

Hernández-Cordero, S., & Popkin, B. (2015). Impact of a water intervention on sugar-sweetened beverage intake substitution by water: a clinical trial in overweight and obese mexican women. Annals of Nutrition & Metabolism, 66(3), 22-25. doi: 10.1159/000381242.

Losasso, C., Cappa, V., Neuhouser, M., Giaccone, V., Andrighetto, I., & Ricci, A. (2015). Students´consumption of beverages and snacks at school and away from school: a case study in the North East of Italy. Frontiers in Nutrition, 2(30), 1-8. doi: 10.3389/fnut.2015.00030.

Silva, P., & Durán, S. (2014). Soft drinks, more than just a simple drink. Revista Chilena de Nutrición, 41(1), 90-97. doi: 10.4067/S0717-75182014000100013

Singh, G., Micha, R., Katibzadeh, S., Lim, S., Ezzati, M., & Mozaffarian, D. (2013). Abstract MP22: Mortality Due to Sugar-Sweetened Beverage Consumption: A Global, Regional, and National Comparative Risk Assessment. American Heart Association, 127, AMP22. Recuperado de: http://circ.ahajournals.org/cgi/content/meeting_abstract/127/12_MeetingAbstracts/AMP22

Vizmanos, B., Hunot, C., & Capdevila, F. (2006). Alimentación y obesidad. Investigación en Salud, 8 (2), 79-85. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=14280204

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad