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La revolución de Paulino y Valentina 

Hoy permítanme compartir con mis tres lectores dos anécdotas históricas de esa época, que me ayudaron a torear los desánimos estudiantiles ante los insistentes ensayos del desfile. Y que como les dije a ellos, más allá de su trascendencia en los libros, son chismes con los que se puede impresionar a los amigos. 

Por: Carlos Efrén Rangel | Un letrero en la pizarra

Autlán de Navarro, Jalisco. 15 de noviembre de 2022. (Letra Fría) Apenas se apagaron las veladoras en los altares de muertos, en las escuelas tuvimos que ponernos patrióticos para reactivar los festejos por el aniversario de la lucha revolucionaria. Un par de años en pausa por causas pandémicas provocaron que las figuras de Villa, Zapata y Obregón acumularan polvo en sus fusiles, y aunque no se trata de vivir permanentemente en el pasado, tener presente algunas luchas e ideales, bien ayuda a imaginar el futuro. 

Así que hoy permítanme compartir con mis tres lectores dos anécdotas históricas de esa época, que me ayudaron a torear los desánimos estudiantiles ante los insistentes ensayos del desfile. Y que como les dije a ellos, más allá de su trascendencia en los libros, son chismes con los que se puede impresionar a los amigos. 

– ¿Se imaginan qué yo, el profe de Español, un día dejara de dar clases y se fuera de revolucionario y que algún día Autlán lleve mi nombre?

Coleccioné burlas, y abundante incredulidad cuando les expliqué que algo así, ya ocurrió. Entonces les hablé de un joven que nació en Autlán 1892, de nombre Paulino Navarro Serrano y que comenzó a trabajar como profesor, en algunos documentos dicen que Paulino dio clases en la Escuela Superior de Niños y en otros, en el Instituto del Sagrado Corazón, antecedente del Instituto Autlense. 

Paulino Navarro dejó Autlán para estudiar la Normal en Colima, y en esas andaba cuando comenzó la revolución y con eso, sus ganas de combatir. Lo hizo siempre en el ejército regular, anduvo por varias ciudades de la república: en Ciudad Juárez se encargó de la Aduana, fue jefe de Plaza en la Ciudad de México, conoció a Marcelino García Barragán y lo convenció de estudiar en el Colegio Militar, y terminó su vida en batalla, cerca de Teocuititlán bajo las órdenes de Lázaro Cárdenas. 

En 1939 Autlán dejó de llamarse de La Grana, para ser de Navarro, además de que calles, colonias, escuelas y hasta el mercado municipal de Ciudad Guzmán se llaman como ese profesor. 

– Así que, si un día las injusticias se avivan, quizá deje de dar clases y me vaya a la siguiente revolución. 

– Pues sí, pero olvídense que van a tener Adelitas, que las mujeres ya no estamos sólo para ser compañeras. 

El reclamo fue airado de una estudiante brillante, que entiende que aprender en la escuela debe servir para procurarse una mejor vida, y como no pude estar más de acuerdo con ella, les conté la segunda historia de la jornada, en la que una mujer fue protagonista de un relato memorable.

 Entre las tropas de Gustavo Madero apareció un muchacho muy joven y menudito que se hizo llamar Juan Ramírez, en varias batallas se mostró valiente y aguerrido, lo que le valió ascender a teniente. A cargo de su grupo continuó la revolución, hasta que en un momento requirió quitarse los pantalones frente a su tropa, ahí se descubrió que había mentido. 

No se llamaba Juan, sino Valentina Ramírez Avitia, nació en una comunidad rural de Durango y con 17 años la revolución la sorprendió con ganas de echar bala en lugar de tortillas. A pesar de sus méritos la dieron de baja y terminó sus días a una edad avanzada, luego de un periodo muy largo en cama pues un auto lo atropelló en Culiacán. 

– La salsa que le ponen a sus botanas “Valentina” se llama así en honor a esta mujer que tuvo qué fingir ser hombre para pelear en la revolución.

No estoy seguro qué tanto trascendieron esas historias en su ánimo, pero fueron a ensayar sin tantos reniegos, con vestigios orales de que la lucha fue de Paulino, de Valentina, pero también de nosotros a quienes nos quedan batallas por dar. Por que a nadie le limiten su derecho a buscarse la vida que mejor le parece por ser mujer, o luchar por un mundo mejor desde las aulas.  

Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Educación Básica.

Actualmente es profesor de español en secundaria y de Maestría en la Unidad 143 de la UPN. Desde los 17 años ejerció como reportero y comunicador en radiodifusoras y periódicos locales en Autlán. Aficionado práctico de la literatura, la crónica taurina y las columnas de opinión.

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