Las diez mujeres que dan vida al huerto orgánico Ayuquila 

El Huerto Orgánico Ayuquila reúne cada tarde a al menos diez mujeres de la comunidad grullense. Son jóvenes desde los 18 años de edad hasta abuelas de 69. Ellas trabajan la tierra y hacen familia.

Foto: Vianney Martínez Pérez. Intervención gráfica: Jengibre Audiovisual.

Por: Mayra Vargas | #NoSomosVíctimas

El Grullo, Jalisco.- El huerto orgánico Ayuquila reúne cada tarde a al menos diez mujeres de la comunidad grullense. Son jóvenes desde los 18 años de edad hasta abuelas de 69. Ellas trabajan la tierra y hacen familia. 

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Su huerto orgánico surgió casi al inicio de la pandemia por Covid-19, en el año 2020. Gracias al trabajo que hacen y su constancia, paciencia, entusiasmo y motivación de cada una de las mujeres, el huerto ha sobrevivido hasta la fecha.

Ángeles, Teresa, Yolanda, Ludivina, Olivia, Raquel, Mónica, Laura, Eva y Maritza dejan a un lado sus otras actividades laborales o de casa, para enfocarse en trabajar las nueve camas de cultivo que hay en el huerto. Berenjena, jamaica, perejil, apio, cilantro, maíz, frijol, pepino, rábanos, cebolla y calabaza, son algunos de los alimentos que producen. 

La cosecha de estas hortalizas son para autoconsumo, principalmente; el excedente suelen venderlo en encuentros de productores o el tianguis. Todo es libre de químicos.

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Un huerto en medio de la complejidad

El inicio del huerto orgánico Ayuquila no fue fácil, debido al contexto de la pandemia. “Teníamos que realizar alguna actividad para no estar encerradas y qué mejor actividad que venirnos al huerto a cultivar hortalizas. No fue fácil, pero iniciamos como un huerto escuela demostrativo, venía gente de aquí, de El Cacalote, de Ayuquila y de El Grullo”, cuenta Laura. 

Tampoco fue sencillo trabajar el terreno, pues la tierra era dura, de puro barro. Las mujeres que iniciaron en el proyecto trabajaron con pico y pala, incluso buscaron el apoyo de un tractor. Al final optaron por la construcción de las camas de cultivo biointensivo para el desarrollo de las plantas. 

“Nos congregamos porque teníamos y tenemos los mismos intereses. Que tal vez no podamos cambiar el mundo, pero sí el espacio que nos tocó y qué mejor ayuda que nuestros niños… las compañeras se traen al nieto, el sobrino, algunos otros niños que vienen, que les interesa venir a apoyarnos porque saben que tienen las puertas abiertas de este huerto”, comparte Laura.

Grupo que conforma el Huerto Orgánico Ayuquila. Foto: Vianney Martínez Pérez.

Las convicciones para producir sano

Las luchas no siempre son hacia afuera, a veces ocurren dentro de la comunidad más cercana: la familia. Para Maritza ha sido difícil generar conciencia en algunas personas sobre el daño que provocan los agroquímicos. Por ejemplo, en su cuñado, quien usa herbicidas para sus cultivos. “Llegó un momento que me quemó mis plantas, con la pura brisa que llegó a mi huerto me secó mi cilantro y mis rábanos y sí te da coraje. Nosotros queremos comernos algo sano, algo limpio, no comernos químicos”, recuerda.

También menciona que muchas personas las juzgan por “ir a perder el tiempo” al huerto, pero no es así, siempre hay muchas actividades qué hacer, por ello Maritza invita a las personas a que conozcan de cerca el proceso de producción y a explicarles cómo llevan a cabo las distintas labores en el huerto.

Yolanda comprende a Maritza, pues también le ha tocado que las tachen de “flojas”. ”Pero no saben que aquí es un esfuerzo que hacemos para tener limpio y tener nuestras plantitas… podría quedarme en mi casa a ver la tele, pero no, ¡vámonos al huerto! Hasta a mi nieta ya me la traigo para acá y hasta ella me dice: abuelita, ¿no vamos a ir hoy al huerto?”, cuenta Yola, como le gusta que la llamen. 

A pesar de los comentarios de la gente, ellas están convencidas de lo que hacen desde hace ya tres años. Para estas diez mujeres que creyeron en este huerto, ir y darle mantenimiento se ha vuelto una motivación, un refugio y un espacio seguro con un objetivo común: producir alimentos sanos. 

De acuerdo con la Fundación Social, los jardines y huertos pueden ser una herramienta efectiva para la mejora de la salud mental. El trabajo en el jardín o huerto puede ser relajante y meditativo, y puede ayudar a reducir la ansiedad y el estrés por su impacto a nivel neuronal y hormonal.

Lo anterior le ocurre a Tere, quien dice que le sirve como terapia estar en el huerto: “Salir, venir aquí, una se distrae un rato. A veces arrancamos zacate, sembramos, regamos, hacemos una cosa u otra y hacer eso me relaja mucho”, comenta.

Ludivina o Ludi como le dicen sus amigas, disfruta ir al huerto por la convivencia con sus compañeras. Le gusta pasar el tiempo ahí porque se siente útil, cómoda y se divierte. Le asombra ser testigo de cómo crecen y producen las semillas que algún día sembró. “Me gusta ver el resultado de todo lo que con amor siembras  y ver sus frutos… también que los niños se diviertan aquí, porque tengo otra bebé chiquita y me la traigo”. 

A Eva le motiva mucho ir al huerto, se distrae y convive: “Ves el zacatito, hay que quitarlo, que una planta ya creció y hay que ponerle tierrita para que produzca más. Aquí el convivio con las amigas relaja, nos la pasamos muy agusto todas las tardes”. Dice que las actividades en el huerto le permiten dejar los problemas de casa. 

En los huertos orgánicos no sólo nacen alimentos sanos, también germinan amistades y redes de apoyo. Mónica padece de un problema en su espalda y esto limita sus movimientos físicos, pero no sus ánimos de impulsar la agroecología. Su condición física no le impide formar parte de este proyecto y ser una mujer en resistencia. 

Grupo que conforma el Huerto Orgánico Ayuquila. Foto: Vianney Martínez Pérez.

Remar a contracorriente 

En esta lucha las mujeres se han enfrentado a diversos obstáculos y los han superado juntas. La pasión que tienen inspira a la gente que las conoce. 

Ellas saben que no están solas. Se han ganado el reconocimiento de la comunidad agroecológica, de sus vecinos, de sus parejas y sus hijos. Por eso cuando han tenido problemáticas la gente ha estado ahí para apoyarlas. 

Laura recuerda que al inicio todas llegaron animadas con pala, pico y otras herramientas. Las mujeres estaban dispuestas a mejorar la tierra, sin embargo, por más que lo intentaron no lo lograron, por lo que tuvieron que apoyarse de un tractor. “Movió y movió el tractor y bien difícil para iniciar este proceso, fue lento pero poco a poco con el tiempo y con el esfuerzo de cada una de nosotras se ha logrado transformar este huerto orgánico”. 

La falta de agua ha sido la situación más complicada por la que han atravesado, principalmente en tiempo de secas. El agua con la que riegan la toman de la llave y en Ayuquila no hay agua todos los días. Tienen un sistema de tandeo en días y horas específicas. Por esta razón mantener el huerto bien regado representa un desafío. 

“Al principio no teníamos agua y sí se nos secaron varias camas de cultivo y la opción que nos daban era usar el agua del canal, pero está totalmente contaminada. El agua en general está muy racionada, así que ese es uno de los problemas que hemos tenido que batallar todo este tiempo”, comenta Laura. 

En temporada de estiaje el problema es la falta de agua, en la temporada de lluvias es el zacate que crece rápidamente. Como no usan químicos para producir los alimentos, no pueden combatir el zacate con un herbicida. Al inicio lo cortaban a mano y esto les representó un arduo trabajo. Después atendieron recomendaciones de aliados que les sugerían el uso de productos orgánicos para combatir la hierba. 

A pesar de las situaciones adversas, las mujeres no sólo han resistido en la lucha, han vencido obstáculos y han generado un cambio en su entorno. 

Gracias a trabajos de gestión que han hecho, obtuvieron apoyos por parte del gobierno estatal y federal. Con uno de los apoyos lograron adquirir un kit de herramientas: palas, picos y azadones. También adquirieron una desbrozadora o wiro, por ser un grupo comunitario: 

“Ese ha sido muy importante, porque no podíamos darnos abasto con tanto zacate y la maleza y por más que traíamos el azadón era muy difícil para nosotras. Ya con eso nos ayudamos y con usarlo una vez por semana nos aligeró el trabajo”, comparte Laura. 

Lo último que lograron gestionar fue el sistema de riego que les ha resuelto casi por completo el problema. Colocaron mangueras en cada una de las camas y aprovechando la física construyeron su propio sistema de goteo que les permite mantener húmeda la tierra. 

Este grupo de mujeres además de ser luchadoras, son guardianas de semillas. Ahora ellas tienen la responsabilidad de protegerlas y de transmitirlas, por eso haber obtenido un apoyo de al menos 40 frascos de vidrio para guardar y conservar las semillas, cobra un significado importante. 

Ellas son imparables. Ahora tienen como meta construir un tejabán que servirá de bodega y un baño seco. Ya tienen parte del material y confían que pronto concretarán este proyecto comunitario. 

Huerto Orgánico Ayuquila. Foto: Vianney Martínez Pérez.

Redes que las abrazan

En esta lucha no están solas. Cuentan con redes que las abrazan, las respaldan y las inspiran. La vinculación con otros grupos de personas dedicadas a la agroecología ha sido pieza importante para el grupo de mujeres. 

Laura y Maritza fueron a visitar un grupo comunitario del municipio vecino de Ayutla. “Nos quedamos impresionadas con el trabajo de ellas, tan hermoso, de adultos mayores. A mi me gustó mucho su organización”, detalla Laura.

Con este grupo compartieron su tiempo y experiencias en un taller de cultivos alternativos y del tipo de siembra de hortalizas según la temporada primavera-verano. También intercambiaron semillas de calabacín, de perejil, col y jamaica, además de  los conocimientos. 

Gracias a este intercambio mejoraron técnicas de cultivo y producción que les ha dado buenos resultados en su huerto. 

“Las mujeres tenemos liderazgo y persistencia”

Eva trabajó para la agroindustria hace tiempo. Fue una de las muchas mujeres que se ganan la vida en los invernaderos, donde dice, las jornadas son muy duras, y arriesgas tu salud. “Estás en las naves y sudas mucho… Hay muchos plaguicidas. Llegas a tu casa y la ropa la traes olorosa a los químicos porque rocían adentro. Aquí en el huerto es mejor, te pega el aire, mil veces mejor aquí”, comparte. 

Yola coincide con Eva, en que trabajar la tierra es pesado para las mujeres, pues además de la parte ruda y el desgaste físico, las mujeres también se hacen cargo de otras actividades en casa, lo que se traduce en una doble e incluso, triple jornada. “Es mucho para trabajar en el campo y aparte venir a casa, tener que asear a tus hijos, porque así es, llegas, tienes que bañar a tus niños, hacer otras cosas en casa entonces, es mucho ¿no?”, cuestiona a sus compañeras. 

Ella trabajó mucho tiempo en las tierras de su esposo, junto con sus hijas, desde que eran niñas. Fue un esfuerzo familiar para que ellas pudieran estudiar. “Eso lo hacíamos todavía hace 4 años, ahora soy viuda, así que somos fuertes para trabajar nosotras también”, recuerda Yola.

Para Maritza los inicios en la agroecología fueron de incredulidad. Confiesa que cuando llegaron al terreno que se convertiría en el huerto orgánico Ayuquila no estaba tan segura de poder producir. “Empezamos a hacer las camas de cultivo, pero me pregunté ¿cómo las vamos a hacer? Nosotras no sabíamos qué eran camas, los conocíamos como bordos o surcos… Luego vino el compañero Rodolfo (González Figueroa) y ya nos explicó y fue así como empezamos todas”.

Entre todas han aprendido, unas de otras, pues hay quienes tienen huertos en casa e incluso más años de experiencia, y todas comparten, es un trabajo en equipo. “Mi comadre Olivia es una compañera que tiene muchas plantas y de ella hemos aprendido mucho… que a veces no sabemos cómo se siembra algo, pues pregúntele a la compañera Olivia, a Yolanda  o Laura, y así es como tomamos diferentes experiencias, de todas”, dice Maritza.

Yo creo que las mujeres tenemos liderazgo y persistencia, porque si no nos sale algo, no nos rendimos hasta que nos salga y la motivación es muy importante”, expresa Laura. Ella también coincide con sus compañeras; las actividades del huerto las ayudan a relajarse, a estar unidas y comunicadas, pero sobre todo, a cambiar el contexto ambiental y mejorar su salud.

*Esta publicación forma parte del proyecto #NoSomosVíctimas, de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie, financiado por la Embajada Suiza en México.

Créditos de todos los materiales generados para este trabajo:

Investigación y texto: Mayra Vargas.

Edición de texto: Carmen Aggi Cabrera y Mely Arellano.

Fotos: Mayra Vargas, Vianney Martínez y Jhoseline Ramírez.

Intervención gráfica: Jengibre Audiovisual.

StoryMapJS: Mayra Vargas.

Producción de videos: Jasmin Hurtado.

Mayra Vargas Espinoza es una periodista mexicana radicada en Guadalajara, Jalisco. Es coordinadora editorial del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano (NCC Iberoamérica), miembro del Consejo Editorial de Letra Fría y responsable del área de Investigaciones Especiales. Principalmente cubre temas relacionados con la ciencia, entre ellos medioambiente y salud, además de comunidades indígenas y derechos humanos. Sus trabajos se han publicado en medios locales, estatales, nacionales y de América Latina. Forma parte de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia y de Chicas Poderosas México. En 2015 ganó el premio especial James Rowe al periodismo de investigación, otorgado por el Foro de Periodismo Argentino, mientras que en 2020 ganó el Premio Estatal de Innovación, Ciencia y Tecnología de Jalisco, categoría de divulgación científica, con el proyecto colectivo del NCC Iberoamérica. Cursó el taller internacional de periodismo cultural y técnico científico, organizado por la RAI Italia, junto con el Centro Italiano di Studi Superiori per la Formazione e l'Aggiornamento in Giornalismo Radiotelevisivo de Perugia.

Recibió mención honorífica en el 2do. Hackatón de Periodismo Científico e Innovación, organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Guadalajara, Jalisco, también en 2015.

Ha publicado trabajos en diversos medios como Aristegui Noticias, en la revista digital Votán MX y Zona Docs.

Desde 2017 es miembro de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia (Red MPC), con sede en la Ciudad de México y es miembro activo del Capítulo Juvenil Costa Sur de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco (BSGEEJ) desde junio de 2018.

Ganó el Premio Juventud 2019 en Autlán, Jalisco.

Periodista en Letra Fría desde 2013.

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