Lo que miro desde El Surco | Astillas que incomodan

en Plumas

Esta semana, Rodolfo González hace una aguda crítica a los sistemas de producción industriales, que amenazan el campo y la naturaleza con su visión mercantil, e invita a la población al foro sobre el no uso de plaguicidas, el 3 de diciembre en el Aula Magna del Centro Universitario de la Costa Sur.

Por: Rodolfo González Figueroa

Autlán de Navarro, Jalisco. 29 de noviembre de 2019. (Letra Fría) Mientras El Grullo huele a fermento de mierda de cerdo, producto de un mal manejo de los residuos y quizá debido a la producción masiva y la concentración, en los pueblos aledaños la cría familiar que existía se ha perdido. En el Municipio de El Limón, por ejemplo, hay menos carnicerías que hace 20 años, pero la gente es más carnívora que hace dos décadas. Los olores fétidos se pueden evitar haciendo sencillamente un manejo con camas profundas. No es costoso, es cuestión de decisión del productor. Ser carnívoro también se puede evitar, es cuestión de decisión del consumidor.

Pero, en tanto, los grullenses siguen yendo a dormir mientras respiran fermentados aromas y, despertando en la madrugada, con un olor que refleja nuestro estado de salud social. Al mismo tiempo, la zafra cañera ya arrancó, ya se vislumbran las primeras fogatas y caen las primeras lluvias de ceniza que tanto nos fastidian. La calidad del aire comienza a disminuir y, por si fuera poco, a los olores hay que sumar un poco de dióxido de carbono combinado con un coctelito de pesticidas de esos que, ya se demuestra, los traemos saturados hasta en la orina.

Con la zafra se vienen los primeros riegos del ciclo cañero y, con ellos, muchas aplicaciones de agrotóxicos que, dicen los agrónomos alienígenas, son “necesarios” para mantener la producción. “Sin ellos no hay cosecha”, aseguran los promotores de los paquetes tecnológicos. De modo que el ciclo tóxico y vicioso reinicia; quemas, cenizas, pesticidas, porquerizas. Ahí está el resultado del desarrollo promovido y nuestro fabuloso estatus de zona metropolitana. Bien le hacemos honor contaminando hasta 200 metros bajo la tierra. Investigadores del Centro Universitario de la Costa Sur ya le advirtió a la gente de El Mentidero que el agua del subsuelo tiene altos contenidos de nitratos y glifosato, por lo que les recomiendan no usarla para el consumo humano.

Con la quema cañera contaminamos varios kilómetros hacia arriba, con los pesticidas cientos de metros hacia abajo, con el consumo de carnes y hortalizas producidas intensivamente nos contaminamos hacia adentro, con los insecticidas contaminamos hacia los lados. Este es el saludo moderno a los puntos cardinales. Un saludo que más que eso es una advertencia.

Se perdió la conexión estrecha con los elementales, y lo que antes era sagrado (agua, oxígeno, suelo, biodiversidad, etc.) ahora es mercancía. Ya algunos organismos públicos promueven desde hace años la mercantilización de la naturaleza: captura de carbono, pago por servicio ambiental, régimen de infiltración, metros cúbicos de oxígeno, sistemas climáticamente inteligentes, reducción de emisiones por deforestación y degradación. Y hay quien ya piensa en sembrar árboles para vender oxígeno o imagina cobrar por capturar dióxido de carbono. O de plano, vender servicios ambientales a quien pueda pagarlos.

Así el asunto. Mientras, en un plano paralelo, el alcalde autlense solicita dinero para adornar “su” jardín bien bonito en esta navidad, pide presupuesto para comprar un dron que vigile a la gente, menospreciando o ignorando problemas más centrales como el asunto de Autlán y su basurero (el de las calles y el otro). Y otros más acá en El Grullo, que visualizan y anhelan hacer un desarrollo industrial así bien bonito como en el corredor de El Salto y Juanacatlán, en donde un niño murió por ingerir un trago de agua del río en el que las empresas vierten sus residuos y donde ahora se piensa construir una termoeclétrica; claro, si la población lo permite. Además de que, regidores de “izquierda” del mismo Ayuntamiento trabajan duro juntando firmas para gestionar la construcción de una autopista a la Costa; y en El Limón la gente exige resultados a su gobierno que no pavimenta las calles, no cubre aún con concreto hidráulico el frente de sus casas.

El concepto de desarrollo enceguece la mirada, perturba el discernimiento, contrapone principios, elimina el sentido común y polariza las sociedades. Ni las alarmas de salud pública, ni eso que llaman “brote de dengue” logra que las autoridades hagan una pausa para repensar el modelo de desarrollo o de plano para hacer una pequeña crítica a este sistema económico que todo lo mercantiliza y lo mide en términos económicos; oferta demanda, productividad y rentabilidad.

En la última asamblea distrital de consejo de desarrollo rural sustentable, se atiende mucho y se aplaude el programa llamado “A toda máquina”. Cientos de máquinas echadas a andar en todo el estado devorando cerros, compactando áreas, abriendo caminos entre selvas bajas, drenando los arroyos y arroyuelos que aún quedan.

La guerra contra la vida. Pareciera que no hay escapatoria. Se combate un problema con mayores problemas.

Sin embargo, apartadas de los flashes, sin micrófono enfrente, ignoradas desde siempre las prácticas campesinas agroecológicas comienzan a ser valoradas. En la región hay decenas de experiencias, con alrededor de dos décadas de trabajo familiar, de personas campesinas, mujeres y jóvenes que en algo así como la clandestinidad producen alimentos sanos, no contaminan agua, suelo, ni aire. Elaboran sus propios insumos orgánicos. Hacen intercambios de semillas locales. Mejoran sus suelos y la vida microbiológica. Mantienen sus prácticas agrícolas sustentables y regenerativas.

Ninguno de ellos ha recibido apoyos de gobierno, quizá por eso no se han echado a perder y resisten defendiendo la vida, reproduciendo la unidad con la naturaleza. Se gestionan su propia salud aprovechando su conocimiento sobre plantas y remedios. Realizan prácticas cotidianas para evitar enfermedades, como el “azadón fitness”, “macheteligth”, “cansangaforce” o lo último y de próxima moda: “surcolife”.

Sus acciones de tan arcaicas se yerguen futuras. Se posicionan eficaces ante la catastrófica ingeniería de la modernidad que todo mata. Sus principios fecundan la vida, preñan todo lo que tocan. La industria moderna cierra posibilidades, te obliga a consumir y a la resignación; en cambio ellos y ellas abren panoramas tangibles y etéreos, nos enseñar a producir y nos motivan la imaginación, la creación y experimentación constante.

En el Foro sobre el NO USO DE PLAGIUCIDAS que organizan colectivos, cooperativas, asociaciones civiles, organizaciones no gubernamentales y campesinos, para este 3 diciembre en el Aula Magna del CUCSur en Autlán, habremos de escuchar las miradas y sentires de mamás afectadas por los pesticidas en El Mentidero, la versión de las autoridades, la constatación incisiva de los expertos investigadores y las alternativas en voz de productores y promotores de otro mundo posible.

Valdrá la pena estar presente y, sobre todo, valdrá la pena negar este mundo cochino y apestoso para construirnos otro posible.

LL/LL                                                                                                                         

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