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Nutriciones

Rodolfo González Figueroa escribe sobre las nutriciones que no se miden, no se evalúan ni se contemplan, pero nos dan vida.

(Foto: Especial)

Nutriciones. Complementario a lo que se mide y se analiza generalmente sobre lo que nos nutre desde el enfoque académico común de la nutrición, la ciencia médica y la homogenización convencional  estandarizada, en las sociedades también existen otras formas de mantener el equilibrio nutricio, alimentos que no necesariamente entran al cuerpo por la boca y que rara vez se contaminan otorgando vitalidad a los cuerpos y generando resiliencia humana para seguir vivos y alegres en contextos de muerte, miedos y tristezas. 

Nos nutrimos de abrazos y de palabras, de experiencias compartidas. Cuando todo parece desesperanzar, los encuentros nos reaniman. Mirarnos y escucharnos también es abono, alimento

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Nutriciones sociales

(Foto: Archivo Letra Fría)

Nos nutrimos de acciones comunitarias que transforman nuestros territorios. Nos sostienen el convivio y las fiestas, la organización, lo colectivo y lo familiar. Las reuniones son puras nutriciones sociales. El argüende, el merequetengue, el mitote, el fandango, la farra, el cotorreo otorgan sustanciales dosis básicas para el sostenimiento y la manutención nutricia del cuerpo social, del pueblo y su cultura popular. Y, es más, muchas de las veces, estas acciones nutren más que un plato de comida. ¡Neta!

Es raro, pero cierto. Yo no lo puedo explicar ni sostener científicamente, tampoco lo pretendo, pero es cierto. Y vale la pena escribirlo para que se mencione y se reconozca, para que se practique.

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Las nutriciones son diversas

Unas nutren tejidos vasculares o algún órgano humano en específico y ya. Pero estas otras nutriciones alimentan el alma, los corazones, las emociones y los ánimos, fundamentales aspectos para el diario vivir y el buen existir.

Por ejemplo, nos nutre también y mucho la terca osadía de, libremente, intercambiar nuestras semillas nativas que, tercas también, siguen resistiendo a las plagas introducidas, a los discursos hegemónicos del agronegocio.

Nos nutre, de igual manera, la tierra a la que damos alimento. La salud del suelo es paralela a la salud social. Nutrición primordial, dar de comer a la tierra que nos proveerá de alimentos orgánicos.

Por la boca nos entra la comida sea orgánica o contaminada pero también nos alimenta, y muy profundamente, la compañía, la interacción con el suelo, con las plantas, el acercamiento a lo otro, la mutua transferencia de energía entre las plantas y los cuerpos. 

Nutrirnos con el sol

Asolearnos es una excelente manera de nutrirnos, llenarnos de tierra también, enlodarnos, mojarnos bajo la lluvia o empaparnos de sudor, el baño de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro nos sana y es renovador. Comer tierra, alimentarnos de horizonte, ingerir distancias y cercanías, engullir espacio, territorio, montaña, arroyo, cascada son fuentes renovables de nutrición gratuita, todavía.

Andar surco, depositar semillas en la tierra, cosechar flores, alimentos, salir de la casa al campo y más aún, salir de la oficina o del aula al huerto desencadena un despliegue enorme de nutriciones expresadas en múltiples sensaciones. 

Jugar, perder la razón, saltar, bailar, gritar, quebrar la aburrida y desnutrida formalidad profesional también re-nutre, de menos distenciona tanta rigidez, relaja cuerpo, nos hace respirar profundo y más conscientemente.

Ideal es de vez en canto echar uno que otro suspiro por la vida, el amor, el sabor, el recuerdo o la ilusión. Crear espacios para suspirar puede ser una gran alternativa de salud. El huerto y la parcela escolar son algunos de estos espacios ideales para el suspiro.

Nutrición por todos lados

La nutrición humana es múltiple y proviene de diversas fuentes, es multipolar, para ponerle un término de moda. 

Desde la academia y la ciencia médica, si bien se hacen evaluaciones sobre el estado nutricio de las personas y de las infancias, aún nos falta. Las acciones cotidianas en el diario vivir rural, agriculturizado, son tan integrales que las mediciones nutricias de la ciencia médica quedan cortas.

No pueden, aunque quieran, medir todo. Y que bueno que no se pueda medir todo. Siempre es preciso que halla una reserva de enigma. Porque si todo se pudiera explicar que aburrida sería la vida.

Es preciso respetar y fomentar los misterios, aquellas cosas lindas que ocurren así nomás y nos hacen bien sin que sepamos explicarlo, medirlo, seccionarlo, clasificarlo, estudiarlo, descuartizarlo, patentarlo y luego crear derechos de autor como luego hacen, criminalmente, mucha gente de la academia.  

Puede mejorar la salud de la infancia el simple hecho de que salgan a convivir en su huerto escolar una hora por día y sin ni siquiera comerse, todavía, las hortalizas orgánicas que ahí se producen.

Puede mejorar la salud la simple acción de caminar dos días por semana a la parcela escolar para plantar algunas medicinales en el centro de la parcela.

Puede mejorar la salud mental la bella acción de sentarnos en círculo entorno al fuego y simplemente observarlo y dejar que la magia haga su efecto. 

Después de describir todo esto, escuchar que nos digan; “necesitas ingerir 1,800 kilocalorías por día para estar bien”, la verdad, me suena un poco superfluo. 

Las desnutriciones

La academia, que desnutre estudiantes bajo la presión y exigencia de cumplir con programas deshumanos, se la pasa evaluando, midiendo, clasificando y publicando estudios desde sus laboratorios aislados del mundo natural.

Pero sus mencionados éxitos se quedan cortos ante las nutriciones bucólicas y agrestes que, día con día, mantienen nutrida a la gente en los territorios campesinos que sostienen la vida y que, sin duda, esta permanencia tiene más trascendencia porque aún contiene tanto misterio inexplorado que no se mide, no se evalúa ni se contempla.

Neocampesino de la nueva masculinidad, Ingeniero en Recursos Naturales y Agropecuarios (IRNA, por el Centro Universitario de la Costa Sur de la Universidad de Guadalajara. Maestro en Agroecología, Cultura y Desarrollo Endógeno Sostenible por la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), Centro Universitario Agroecología Universidad Cochabamba (AGRUCO,) en Bolivia. Asesor, acompañante y tejedor de procesos agroecológicos desacademizados con perspectiva de género y descolonización epistémica.
Pedagogo popular, amo de casa con paternidad responsable, jornalero, peón de albañil y asistente técnico bioconstructor. Borracho, poeta y loco. Ocioso por el puro placer, intento de deportista. Estudiante de la especialidad en Soberanías Alimentarias y Gestión de Incidencia Local Estratégica. Fracasador constante exitóso en rebeldía.
Correo: rodorganico@hotmail.com

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