Paco Racrú, pintor de Tala, Jalisco, realizó esta obra que funciona como portada para el libro Aviario.

Otras formas de volar; reseña del libro “Aviario” de Lizeth Sevilla

en Cultura e Identidad

Aviario es un libro de poemas de la escritora Lizeth Sevilla que traduce las luchas por la defensa del territorio que han hecho mujeres en México y Latinoamérica. El también escritor zapotlense Hiram Ruvalcaba presenta una íntima reseña de su valor social y literario.

Por: Redacción

Ciudad Guzmán, Jalisco. 20 de noviembre de 2019. (Letra Fría) La escritora jalisciense Lizeth Sevilla se ha dedicado a la literatura durante muchos años, especialmente al ámbito de la poesía. Como prueba de ello, los lectores tenemos a nuestra disposición su último libro: Aviario, publicado por Editorial El Viaje, una obra que conjunta la fuerza de su voz poética y el clamor de los movimientos de resistencia socioambientales.

Este libro reúne un esfuerzo por traducir las luchas por la defensa del territorio que han hecho mujeres en México y Latinoamérica, así como prestar voz a aquellas que desgraciadamente no se encuentran con nosotros porque les quitaron la vida luchando o ejerciendo su libertad. Así mismo, es un libro que también otorga voz a un movimiento personal que la autora sostiene en favor de las aves, las enjauladas en las casas de las señoras, las que venden en el mercado, las que se comercializan.

A continuación, te presentamos una reseña del libro hecha por el también escritor jalisciense Hiram Ruvalcaba:

Otras formas de volar

“Hay libros que son como una parvada de pájaros”, escuché esta frase en un taller de poesía hace muchos años, en Zapotlán el Grande. La dijo una estudiante, una muchacha de no más de diecisiete años, que no me caía nada bien. Probablemente Lizeth no lo recuerde —tiene muy mala memoria—, pero ésta fue una de las primeras expresiones que escuché de ella, cuando ambos éramos dos jóvenes entusiastas de las palabras y de la música que queríamos encontrar en ellas. Yo abandoné la poesía hace algunos años; Lizeth, en cambio, ha trabajado en ella con esperanza y con desesperación: equilibrar ambas cosas en su obra es una de sus grandes cualidades.

Éste es un libro de aves y, sin embargo, tiene vocación terrestre. La obra de Lizeth se encarna en la tierra madre, que a veces parece un México desgarrado por la violencia y las desapariciones: desde sus primeros poemas, la denuncia por la sangre derramada en este fin de siglo —el mar de sangre que es nuestro siglo, decía el poeta de las batallas en el desierto—, y por las muertes estructurales que vienen desde las más altas esferas del poder, nos recuerdan por una parte el horror al que sobrevivimos día con día. Pero este libro no es sólo mensajero de las malas noticias: en otros poemas, es un campo universal en donde lo mismo nace el maíz que los árboles que la esperanza. Al final queda la sensación de que uno ha atravesado un campo de batalla y abre, con las palabras, los ojos a la vida. Son todas éstas aves que anidan en los lectores. Y los circundan. Y los alman.

Este libro es una isla de pájaros, como aquella que visitó San Brandán en su trayecto al paraíso. En ella resuena el piano de Erik Satie, resuenan los quejidos de la tierra y la voz del campo que tanto le gusta a Lizeth. Pero sobre todo, resuena la voz de una poeta que se ha dedicado en cuerpo y lengua a la palabra poética. Esta sinceridad aérea será la que, finalmente, conduzca al lector a través de cada uno de los versos, hasta ese lugar misterioso en donde anidan las palabras.

LL/LL                                                                                                                         

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