Realidad alterna | La visita

[Imagen: Letra Fría]

En esta ocasión, Lourdes Cano aborda el viaje del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, hacia la capital estadounidense para reunirse con Donald Trump, así como las implicaciones económicas de mantener una buena relación pública con el vecino del norte.

Por: Lourdes Cano Vázquez

Autlán de Navarro, Jalisco. 15 de julio de 2020. (Letra Fría) El pragmatismo: ningún acto puede ser juzgado o evaluado si no es por sus efectos o resultados; de eso trata más o menos la política hoy en día, las ideologías románticas de patria, pueblo o identidad han sido rebasadas por factores más contundentes como el dinero.

La economía de mercado se mueve a velocidades que no todos los gobiernos logran soportar, es difícil ese contexto para los idealistas, más para los líderes carismáticos que se alimentan de teorías sociales en desuso, que no entienden al mundo tal y como es ahora, que piensan que todo proviene del pueblo y es para el pueblo; es pues, un contexto difícil de comprender para nuestro presidente.

Quizás dentro de todas esas horas de conferencias matutinas todos los días, en ese tono pausado, haya un mensaje importante. Probablemente lo que el presidente nos trata de decir es que tiene una visión distinta de ver las cosas, de abordarlas, de resolverlas, probablemente nos dice que le gustaría no tener que depender de los mercados, de los intereses privados, esa dependencia enfermiza de los países en desarrollo.

Pero no puede; porque es algo más grande que él, que su gobierno, que un país entero, y no sé en qué momento se dio cuenta, pero lo acaba de demostrar hace unos días con su visita a los Estados Unidos, que es mejor dicho, una visita a Donald Trump. Una visita a Estados Unidos hubiera sido más sentida, más romántica; pero no fue a comunidades alejadas de la ciudad como tanto acostumbra, no fue a reunirse y extender la mano con los migrantes mexicanos; fue a ver a Trump, algo que fue mucho más práctico que romántico.

Había un tratado comercial, —ya en funcionamiento, por cierto—, y hay una elección presidencial en juego; la reticencia de López Obrador a salir al exterior se alteró exclusivamente para visitar al socio comercial por excelencia, ese con el que tenemos una dependencia casi paternal, y que al día de hoy se encuentra al mando del ser más despreciable para negociar y hablar de solidaridad o fraternidad.

Entonces, López Obrador fue pragmático; sabe que es mejor un mal trato que no tenerlo, que la economía mexicana pende de un hilo en estos momentos y que muy a pesar de la aversión que todo mundo siente por Trump, ese movimiento se tenía que hacer, había que ir a Washington a estrechar manos y a decir que todo está bien en casa y con el vecino, porque decir lo contrario es darse un tiro en el pie.

La visita bien pintaba para un desastre y no lo fue, hasta el tono pausado se fue, y aunque el respeto de Trump es algo que debemos saber que nunca vamos a tener, sin importar lo que sea, hay que seguir siendo pragmáticos y pensar que es un personaje intercambiable en la ecuación, que con un poco de suerte en unos meses el trago amargo de ir y poner cara de buenos amigos será por motivos más grandes que el patriotismo mal entendido y que habrá alguien más, que mínimo, no dé la puñalada justo en cuanto damos la vuelta para regresar a casa; todo sea por no morir en el intento.

LL/LL

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