Agenda Ciudadana | ¿Hacia qué va la política en México y Jalisco?

en Plumas

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 25 de marzo de 2019. (Letra Fría) Es indudable que la emergencia de Andrés Manuel López Obrador, su discurso y su actitud, son muy notables y son referencia inevitable. Se sea un ciudadano con sentido común o un Vicente Fox que no termina de sorprender negativamente, se habla frente a un personaje totémico, AMLO.

Nada ni nadie en lo político, y esto incluye a Jalisco, puede hacer como que no ve ni escucha a AMLO. Lo digo no como acto de fe, sino como una realidad evidente; el poder discursivo de López Obrador es por el momento inigualable. Por supuesto, habría que ver si tal discurso se sostiene ante el desarrollo futuro de los hechos, sobre todo los económicos.

Hay en esto un reto formidable para los otros políticos y los otros partidos, pero no se ve que entiendan la pertinencia práctica –por el momento, reitero- del discurso lopezobradorista. Ya debiera preocuparles, pues las elecciones intermedias próximas están a la vuelta de la esquina. El asunto no sólo apunta hacia las presidencias municipales, de por sí importantes, sino también hacia el Congreso del Estado, donde se aprueba o se rechaza iniciativas y presupuestos, entre otras funciones determinantes.

Pero otros, no sólo quienes hoy se hallan en la oposición, debieran preocuparse y ocuparse. Refiero a quienes hoy gobiernan en nombre de MORENA.  No todo es ni puede ni debe ser AMLO, pues en la práctica vale distinguir entre López Obrador y MORENA, y éste partido es una mezcla dura de esto y aquello, incluidas sabandijas, como ya se dijo desde su mismo partido. Véase Autlán y cada quien saque sus conclusiones.

Y hay otro elemento, el más importante: las y los ciudadanos. Éstos, creo, entendieron ya el poder de su voto, saben que pueden quitar y poner. Han entendido, además, que pueden organizarse, o que pueden tomar por asalto agrupaciones políticas y partidos, incluso crearlos.  Lo que no queda claro es que sirva de algo crear partidos desideologizados, que no se definen en los valores por asumir y en la congruencia en el actuar que ello representa.

Del lado de las ciudadanas y de los ciudadanos hay otro asunto que trasciende lo meramente electoral. Inmediatamente después del triunfo nacional de AMLO y de Enrique Alfaro en Jalisco, emergió un entusiasmo cívico. ¿Se recuerda eso? ¿Persiste aún?  ¿Somos los ciudadanos más cívicos, asumimos una mayor cultura de la legalidad? ¿O todo se desvanece en la denuncia por redes sociales?

Estas preguntas son importantes y deben tener respuesta en un país que ha normalizado la injusticia y el crimen. Lo normalizado se convierte en normativo en la ley no escrita, un gran problema que no parece tener aún solución.

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