Agenda Ciudadana | Una marca de ropa escandalosa

Por: David Chávez Camacho

Autlán, Jalisco; 22 de julio de 2019. (Letra Fría) Por estos días, la nota fue la presentación en Intermoda de la marca “El Chapo”, de ropa y accesorios, actividad empresarial de una hija del “agricultor”.  Es el stand más visitado, dicen, lo que seguramente se debe a la curiosidad morbosa, y quién sabe cuántas ventas registre.

De manera casualmente coincidente o como estrategia de mercadotecnia que raya en el humor negro, la marca fue presentada el mismo día en que El Chapo era sentenciado a cadena perpetua –más 30 años- en Estados Unidos.

Este asunto tiene un alto valor simbólico, expresa la forma y el contenido de un modelo económico en el que lo moral se relativiza o simplemente desaparece; si se hace una interpretación radical, se puede decir que el narcotráfico y sus métodos son la mayor manifestación del neoliberalismo, bajo el lema de que “negocios son negocios”.

El diputado Salvador Caro expresó por redes sociales su reprobación a Intermoda por permitir la exhibición y venta de El Chapo como marca de ropa y accesorios, lo que él interpreta como apología del delito. Pero tal postura del legislador es revisable. ¿De veras comercializar ropa con ésa u otra marca es delito o apología del delito? ¿No es simplemente una actividad empresarial con mal gusto y quizá con inmoralidad? Lo pregunto, no lo afirmo.

Lo que preocupa es que haya quien invierta en una marca tal y haya calculado ventas. Si la marca se posiciona es porque nuestra cultura integró al narco, como ocurrió en la industria del cine, en la de la música y en la política.  Por cierto, ¿las series de Netflix no son apología del delito?

Y está por otro lado, que debiera ser el principal, la idea de la reinserción social, con el nuevo modelo de justicia penal. Éste se fundamenta en cinco ejes: salud, educación, deporte, capacitación y trabajo. Se supone que en las prisiones de México se les otorgan a todas las personas privadas de la libertad.

Uno de los objetivos de la reinserción social es que las personas privadas de la libertad, preliberadas o liberadas, se capaciten y tengan actividades laborales, incluso empresariales. Con el fin de que ellas, ellos y sus familiares sean productivos y rehagan su vida en legalidad. En estricto sentido, eso es lo que ocurre con la hija de Joaquín Guzmán. ¿No? Supongo.

Lo mismo ocurre con miles de personas privadas de la libertad y sus familiares. Si se va a los reclusorios estatales se puede observar los bolsos que dentro se fabrican, que los familiares recogen para venderlos en el exterior.

Como se ve, el asunto es más  complejo de lo que a simple vista parece. Por supuesto, El Chapo carga con una fama tremenda, y eso se llama estigma.

Estigmatizar a quien tiene el infortunio de estar o haber estado en reclusión es una especie de condena perpetua. Se les reprueba, se les niega trabajo, créditos, etcétera. ¿Quién así se puede resinsertar socialmente?

Es claro que hace falta una reflexión mucho más allá de la estigmatización. Se entiende que haya un estado de ánimo dolido, molesto, que exige castigo, uno que llega al exceso, al linchamiento.

Los daños de la delincuencia y de la violencia han sido mayores. Pero el sólo castigo nunca ha resuelto el problema, lo ha complicado. Desde hace décadas se sabe que la prisión es un fracaso, no hay que olvidarlo.

MA/MA

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