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Contracultura | Idas y vueltas…

En su columna, Néstor Daniel Santos Figueroa nos explica qué es la cultura, la contracultura y la subcultura. Nos dice que El Grullo, por sus características, es un caso atípico en cuestiones culturales y que es urgente generar políticas reales en torno a este término.

Por: Néstor Daniel Santos Figueroa

El Grullo, Jalisco. 17 de agosto de 2022. (Letra Fría) “Cultura” se deriva del vocablo en latín cultura, que significa “cultivar”. En términos generales, el concepto se aplica al cultivo y cuidado de cualquier cosa, y así, a la siembra de vegetales se le llama agricultura; a la crianza de pollos se le llama avicultura, etcétera.

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Al hablar de cultura, a secas, se entiende el acto de cultivar, de las facultades y valores humanos; a todo el conjunto de dichas facultades y valores también se le llama cultura. La cultura pues, abarca los conocimientos científicos y tecnológicos, lenguaje, artes, usos y costumbres de una persona, familia, comunidad o país entero.

La cultura, contrario a la idea de muchos, no es sinónimo de elitismo intelectual o educación solemne, pues la cultura surge de la experiencia y vida diaria y la suma de logros históricos, no del coeficiente intelectual o el tiempo dedicado a estudiar. Sociológica y antropológicamente existe exactamente el mismo nivel cultural en un recital de Mozart que en un partido de campeonato de fútbol y, a fin de cuentas, tanto la música clásica como el partido de fútbol son parte de una misma cultura: la occidental.

Pero la cultura es tan vasta que subdivide en varias clases, niveles y disciplinas, según los contextos y circunstancias: de esta manera, el concierto de música clásica se definirá como alta cultura o cultura académica mientras que el partido de fútbol se cuenta entre la cultura popular. Al tipo de cultura dominante y común a toda nuestra sociedad se le llama simplemente cultura principal, mainstream o “el sistema”.

Existe la llamada contracultura, que no es otra cosa que el conjunto de normas, valores y artes creativas de uno o varios grupos sociales, que se oponen al mainstream. Esta oposición no implica buscar un cambio e imponer sus ideas a los demás, sino simplemente ejercer su derecho a practicar cosas que el sistema no considera o acepta del todo. La contracultura se vincula con los conceptos y tendencias alternativas, independientes, underground y subculturales. Pero todas ellas, aunque pueden ser afines entre sí, todas son cosas distintas o todas pueden englobarse como contracultura.

La cultura underground se caracteriza por asumir abiertamente una postura de resistencia clandestina contra el sistema. Abarca casi exclusivamente artes creativas que no reciben apoyo corporativo, que de hecho no lo busca por darle prioridad a su contenido, sean técnicas, estilos o mensajes.

Lo independiente o indi, igual que el underground, se aplica estrictamente a artes creativas que no cuentan con apoyo corporativo; sin embargo, su principal característica es que no necesariamente busca una postura de oposición, pues en muchas ocasiones los artistas independientes tienen los mismos objetivos de progreso que el mainstream al punto de buscar los mismos espacios.

La subcultura por su parte, como su nombre indica, es una cultura surgida de otra más grande y no sólo abarca aspectos creativos sino políticos, sociales y hasta éticos, religiosos o sexuales. Muchas subculturas se originan primero como contracultura, pero existen otras que, más por oposición al sistema, surgen por evolución del mismo. Un ejemplo de subcultura serían los grupos ecologistas.

El término alternativo, por su parte, se aplica a las tendencias que simplemente buscan ofrecer una alternancia a las opciones del mainstream, sean contrarias o no: las propuestas alternativas no siempre son culturas por sí solas, muchas veces sólo son ideas o experimentos sueltos que, a falta de definición, se agrupan todas juntas bajo la etiqueta genérica de “alternativo”.

El Grullo, por sus características, es un caso atípico en cuestiones culturales. Hace ya algunos años, manifestaciones contraculturales marcaron la pauta en cuanto a la oferta de opciones de desarrollo artístico, por encima de muy pobres esfuerzos oficiales. Sin embargo, el ímpetu contracultural se agotó, por diversas razones, y la oferta oficial mejoró tibiamente, pero con una perspectiva hacia la mejora, en gran parte gracias a la licenciatura en artes de la Universidad de Guadalajara.

Es urgente generar políticas culturales reales, revisar los programas existentes y diseñar estrategias de intervención sociocultural, pues hay mucho que promover, difundir, preservar, rescatar, conservar, y también mucho talento para la creación. Y es urgente detonar nuevamente el movimiento contracultural.

MV

Nacido en El Grullo, Jalisco. Estudió la licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara, además de talleres y diplomados en periodismo, biblioteconomía y gestión cultural. Ha ejercido profesionalmente como docente en las áreas de comunicación, lengua, literatura y humanidades; se ha desempeñado como reportero, articulista y columnista en medios locales y regionales en El Grullo y Autlán; ha participado en la edición y publicación de revistas literarias y culturales en El Grullo. Actualmente es desarrollador de contenidos educativos.
Correo: nestordanielsantos@gmail.com

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