Encuentros | Activismo y la carrera por la vida

en Plumas

El día de hoy, Oswi Ramos trata el tema del activismo en México y los terribles riesgos que implica, debido al estado de violencia del país.

Por: Oswaldo Ramos López

Autlán de Navarro, Jalisco. 11 de febrero de 2020. (Letra Fría) En México, alzar la voz, pensar en plural y asumir posturas de defensa de Derechos Humanos resulta una labor noble, inspiradora, pero en igual proporción peligrosa.

Luchar por la libertad de expresión, por la memoria de desaparecidas y desaparecidos, por víctimas de la violencia, por el medio ambiente y el territorio, con frecuencia termina convirtiendo a las personas que encabezan esas luchas en blancos de violencia, porque, por más razón que tengan y más legitimadas que sean sus causas, en su actuar terminan “incomodando” a una contraparte que, al margen de la ley o de lo que dicte el interés público, quiere realizar determinada actividad. Es entonces cuando “el fin justifica los medios” y las malas noticias llegan.

Por desgracia, los últimos hechos que se han vuelto de dominio público por atentados contra activistas, son los que protagonizaron Homero Gómez González y Raúl Hernández Romero, ambos integrantes del ejido de El Rosario en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca. Homero fue reportado desaparecido el día 13 de enero y dieciséis días después fue confirmada la noticia de su deceso; tres días después sucedió lo mismo con Raúl.

Su principal labor se centraba en la defensa y protección de los bosques de oyamel que brindan múltiples servicios ambientales y son refugio de la mariposa monarca en su época de migración desde Estados Unidos y Canadá hacia tierras mexicanas, principalmente en el Estado de México y Michoacán. El viaje que hace la monarca es transgeneracional, esto es, llegan colonias a reproducirse y su descendencia es la que emprende el viaje de vuelta a casa; el recorrido total que hacen supera los 4000 kilómetros de distancia. Desde luego que tan increíble fenómeno de la naturaleza debe ser preservado y es algo que sin duda algún día debemos atestiguar.

Así como el ejido de El Rosario, existen muchos más que deben buscar la manera de subsistir y en el turismo de naturaleza o el aprovechamiento sustentable de recursos naturales, han encontrado alternativas para obtener recursos económicos, conservando las características naturales de cada sitio a largo plazo. Modelo totalmente opuesto al que propone la extracción y explotación de recursos, obedeciendo únicamente a intereses particulares y generación de capital.

En 2019, Amnistía Internacional registró el asesinato de al menos 29 activistas en México; el alto grado de amenaza que el país representa para el activismo lo coloca como el segundo más peligroso en Latinoamérica, después de Colombia. En lo que va de este sexenio tenemos que repasar nombres como los de Samir Flores Soberanes, Isaías Cantú Carrasco, Julián Carrillo Martínez, Cruz Soto Caraveo, Nora López y José Luis Álvarez para dar cuenta de lo desprotegidas que se encuentran las personas que dedican su vida al activismo, situación de vulnerabilidad que además se ve agravada, pues en nuestro país las comunidades indígenas son las que protegen la mayor parte del territorio y son justo estas comunidades las que sufren de aislamiento, contextos de violencia y pobreza, por lo que sus elecciones muchas veces se ven limitadas a resistir o ceder.

México es un país pluricultural y megadiverso, y a lo largo de la historia eso se ha convertido en una debilidad por políticas públicas mal enfocadas y por un Estado de Derecho que en estos aspectos también ha quedado a deber, pues en muchas ocasiones quienes fueron víctimas de ataques, de manera previa solicitaron protección a las autoridades y ésta nunca llegó y la impunidad precede a los hechos de violencia haciendo que la justicia en muchos de los casos tampoco llegue. Otro aspecto a señalar es que las políticas centralistas que se trazan “de arriba para abajo” siguen imperando y en su diseño y ejecución pasan por alto las verdaderas necesidades que existen en lo comunitario. Es tiempo de abrirse a la deliberación, la pluralidad y romper con los esquemas que benefician el individualismo.

Las tierras que generan bienes y servicios ambientales le pertenecen a alguien, pero los beneficios son colectivos, y quienes dedican su vida al ambientalismo justo así lo entienden, por lo que es indispensable que les acompañemos en sus luchas y las hagamos nuestras. Desde lo local debemos visibilizar el activismo para que la sociedad se apropie del movimiento y de esa manera respaldar la causa y a sus actores.

Ninguno que en vida y alma defienda a la naturaleza debe recibir violencia como respuesta.

LL/LL                                                                                                                                        

*Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente. Se prohíbe su reproducción si es con fines comerciales.

Deja un comentario

Latest from

Hacia Arriba Inicio