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Proselitismo dominguero

Jorge Martínez Ibarra reflexiona sobre las campañas políticas. "Lejos están aquellos tiempos de las discusiones políticas sustentadas en los principios y los postulados partidistas. Hoy las ideologías se volvieron juguetonas y caprichosas, condescendientes y permisivas", reflexiona.

Imagen: Jorge Martínez Ibarra

Es domingo a media mañana y caminamos a un costado de los portales del Centro Histórico.

Los feligreses que van saliendo de misa se mezclan con los visitantes semanales o cotidianos que recorren los pasajes observando las mercancías ofertadas. Desde calcetas deportivas, balones, juegos de mesa, mochilas, audífonos, bolsos, películas piratas, bocinas, dulces de todo tipo, llaveros, superhéroes plásticos, hasta vehículos en miniatura.

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A un lado, las dependientas de la zapatería muestran amablemente los modelos solicitados.

Me detengo por unos instantes mientras observo a la madre de un crío de aproximadamente seis años buscar infructuosamente que el pequeño se calce un par de zapatos negros estilo escolar.

Vano esfuerzo. Él se encuentra en otra dimensión viviendo una aventura con su diminuto avión. Lo sostiene firmemente con la mano derecha mientras que con la izquierda semeja el ala de la aeronave. Planea a lo largo y ancho del departamento de damas, cruza delicadamente hasta el área de niños y caballeros y aterriza finalmente a los pies de su desesperada progenitora.

Los posibles clientes entran y salen de forma constante. Una irritada anciana exige insistentemente que le presenten un modelo que ya no existe y no la convencen ni los argumentos de las vendedoras ni las alternativas ofrecidas por los dueños. Decide darse por vencida y sale exasperada del establecimiento, mascullando palabrotas.

Un tímido y desgarbado adolescente, cuya inaudible voz evita que su petición sea escuchada enrojece, cuando las empleadas le exhortan a hablar más fuerte, pues no lo escuchan.

Un robusto hombre con sombrero, botas y camisa a cuadros pregunta por el costo de un par de botas de piel exhibidas en uno de los aparadores. Suelta un silbido de sorpresa o desencanto al escuchar el precio.

Adaptaciones musicales

Seguimos adelante y conforme avanzamos, encontramos el kiosko con los cinturones de cuero, los estuches para navajas, los caballitos para el tequila, las fundas para celulares. Frente a él se ubica el triciclo con la venta de tejuino, compartiendo espacio con el de las gorditas de nata y la vendedora de tacos tuxpeños.

Adelante, el pan casero se muestra en grandes canastos tejidos sobre un par de mesas plegables. Las conchas, los panqués, los cortadillos, los bollos y los pays. También las donas o los merengues compiten para ver quién es el elegido de los antojadizos comensales que hacen fila.

El puesto de periódicos finaliza ese tramo del trayecto. Miro al pasar algunos de los rotativos cuyos títulos, subtítulos, imágenes o incluso burdas descripciones de lo acontecido en las últimas horas buscan atraen la atención de los lectores.

Conforme giramos hacia la izquierda empezamos a escuchar reiterados sonidos musicales que se traslapan unos con otros.

Canciones de banda, norteñas, de mariachi, de pop e incluso viejas baladas de rock en español, cuyas letras han sido modificadas por algún atrevido, nos dan la bienvenida.

Arqueo las cejas extrañado pues desconozco las voces de los intérpretes de las melodías hasta qué poniendo un poco más de atención, caigo en cuenta que las estrofas originales que hablaban de amores imposibles, desengaños, traiciones o esperanzas ahora son lisonjas a los candidatos a ritmo de cumbia y de danzón. Han iniciado las campañas electorales.

Campañas inundan las calles

A un costado del Jardín Principal ondean las banderolas con variados logotipos y heterogéneos colores: rojo, azul, morado, blanco, naranja, negro, amarillo.

Cuando el semáforo indica alto total, el gremio de los entusiastas seguidores partidistas se abalanzan sobre los autos detenidos. La finalidad es solicitar su autorización para colocar rápidamente una calcomanía en la parte trasera del vehículo, con la sonriente imagen de él o la aspirante al puesto de elección popular.

La prioridad es ganar el automotor al contrincante ideológico y así jugar a favor de su partido. 

Los principios partidistas

Ya que no hay tiempo suficiente para compartir el plan de trabajo de él (la) candidato (a) (si es que lo tuviera), se generan las más variadas estratagemas para convencer al atribulado conductor de que vale la pena la colocación de los colores o el mensaje partidista en su vehículo.

Estentóreos gritos de apoyo desde la banqueta más cercana, niños (as) con banderines y expresiones de hartazgo. Sonrisas ensayadas, creativas coreografías, ropa diminuta pegada al cuerpo o mensajes memorizados que son repetidos cada tanto son algunas de ellas.

A un lado, los puestos de venta de fruta picada. También papas y plátanos fritos, hot dogs, burritos sinaloenses, churros, ropa, juguetes, aguas frescas y postres enmarcan esta dinámica.

Los retratos de conocidos personajes reaparecen: algunos con el mismo color, otros vistiendo diferente. Total, hay que estar a la moda. Los partidos antes confrontados ahora son fraternos; las amigables sonrisas estampadas en las lonas lo confirman.

Lejos están aquellos tiempos de las discusiones políticas sustentadas en los principios y los postulados partidistas. Hoy las ideologías se volvieron juguetonas y caprichosas, condescendientes y permisivas, codiciosas. Perdieron la esencia de su origen y se volvieron hermanas en una sórdida complicidad.

¿Qué esperan todos, ellos y ellas, los que participan, los que aplauden, los que gritan, los que apoyan, los que lloran?

¿Por qué lo defienden encarnizadamente a él, a ella y denostan a sus adversarios?

La respuesta me la otorga un hombre menudo que caminando junto a su bicicleta carga feliz con dos gorras, una bandera y tres playeras. El partido es lo de menos, son regalados.

Profesor e Investigador del Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara. Productor audiovisual. Apasionado de los viajes, la fotografía, los animales, la buena lectura, el café y las charlas interesantes.
Columnista en Letra Fría.
Correo: jorge.martinez@cusur.udg.mx

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