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Ser profe en tiempos de Peso Pluma

Ser profe en tiempos de Peso Pluma es reconocer en nuestros estudiantes a seres humanos capaces de discernir con libertad para construir el mundo en el que quieren vivir. Eso implica por supuesto una cercanía que acompañe el proceso de enseñar a pensar críticamente, de reconocer realidades dolorosas, ya no tan ajenas y cada vez más cercanas, y de construir un proyecto de vida que sea congruente con la dignidad humana. 

Por: Carlos Efrén Rangel | Un letrero en la pizarra 

Autlán de Navarro, Jalisco.- Entiendo la frustración que causa entre mucha gente la arrolladora popularidad del cantante Peso Pluma, y que esta expresión que se exporta al mundo con la etiqueta de “regional mexicano” nos represente internacionalmente, ya saben: apología de la violencia, letras poco profundas de canciones estridentes que no alcanzan la categoría de melodías. Bien quisiéramos que fueran otras voces, otros sonidos y otros rostros quienes nos identifiquen como mexicanos. Pero no, es Peso Pluma.  

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Que entienda la frustración no significa que la comparta, me parece honestamente exagerada la avalancha de menosprecio que ha recibido este joven, mucha desde una visión muy adultocéntrica: “en mis tiempos había buena música, en mis tiempos no había corridos, en mis tiempos el contenido sexual no era tan explícito” sentencias que no toma más de 5 clicks en Google demostrar su falsedad y que en todo caso, nos niegan extraordinarias oportunidades de entender y reconocer lo que significa ser adulto, ser profe en tiempos de Peso Pluma. 

Ahora, tampoco crea usted que yo soy fan del llamado “Doble P” o más extensamente de los “Corridos Bélicos”. Ustedes saben que convivo mucho con la raza, y tengo de ellos un panorama más claro que solo la catártica condena sobre sus gustos musicales, sus formas de vestir o las comidas raras que les gustan. 

Los corridos bélicos o tumbados son una mezcla de varios géneros: norteño, banda sinaloense, hip – hop, reguetón, trap y rap. Todas son expresiones musicales que tienen algo en común: nacieron en zonas marginales, fueron arropados por las culturas populares, reflejan con mucha fidelidad las situaciones que viven las personas que las padecen, incluido el clasismo y el adultocentrismo que las condena para que, al hacerlo, en lugar de inhibir su consumo, se aliente con más fuerza. 

La raza escucha a Peso Pluma por la misma razón que generaciones atrás escucharon a bandas de rock: porque son fuentes seguras de rabietas paternas, y sobre todo porque son un discurso que interpela más y mejor al público juvenil. Nada tiene qué ver con la calidad. 

Sí tiene qué ver en cambio con entender el mundo en el que están parados. Uno en el que la música ya no viaja únicamente por el canal auditivo, el visual interpela fuerte a las aspiraciones vitales que calzan tenis de marca y no botas vaqueras.

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Un mundo globalizado que combina las cosmovisiones en las que siguiendo los ejemplos musicales: los cantantes sonorenses se mezclan con destellos de soul (Primera Cita de Carin León), en el que la banda sinaloense se canta con el agresivo beat del rap californiano (Qué Maldición de Banda MS y Snoop Dogg) o donde un actor que enarbola el Poder Prieto se agarra a madrazos con las Jefas de Estado (así, en femenino) de una nación africana que defiende su soberanía y el derecho a vivir dignamente con sus recursos naturales (Black Panther: Wakanda Forever). Nada tiene qué ver con la calidad. 

El alto consumo de drogas, la violencia inhumana de los cárteles, la ineficacia del Estado para modificar el rumbo durante ya tres sexenios, con tres distintos Partidos Políticos, no tiene su origen en las canciones, ni en la voz exasperantemente nasal de Peso Pluma; si hoy se emitiera un Decreto para vetarlo en todas las plataformas, y se le prohibieran en todos los bares, sonidos o ciudades, la decadencia seguiría su proceso, porque asumir que es este morro el causante de la degradación, no es más que una distracción de lo importante. 

Ser profe en tiempos de Peso Pluma es reconocer en nuestros estudiantes a seres humanos capaces de discernir con libertad para construir el mundo en el que quieren vivir. Eso implica por supuesto una cercanía que acompañe el proceso de enseñar a pensar críticamente, de reconocer realidades dolorosas, ya no tan ajenas y cada vez más cercanas, y de construir un proyecto de vida que sea congruente con la dignidad humana. 

Ser profe en tiempos de Peso Pluma significa que no hacemos bien en interpretar el mundo desde una falsa superioridad moral basada en las aficiones musicales o gustos personales, porque más que ganar una batalla, más que facilitar el acercamiento que describí en el párrafo anterior y que es indispensable para detener la degradación, le cerramos la puerta al diálogo, al entendimiento y a la formación de personas que eventualmente y solo por iniciativa propia, habrán de adoptar criterios de calidad en sus gustos y sobre todo, reconocerán hasta qué punto sus decisiones personales pueden alterar el rumbo de un país que se nos cae a pedazos, pero que ya lo hacía desde antes que existieran los corridos bélicos. 

CAC

Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Educación Básica.

Actualmente es profesor de español en secundaria y de Maestría en la Unidad 143 de la UPN. Desde los 17 años ejerció como reportero y comunicador en radiodifusoras y periódicos locales en Autlán. Aficionado práctico de la literatura, la crónica taurina y las columnas de opinión.

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