Incendio, degradación del suelo y lluvia atípica, entre las causas del desborde de El Cangrejo

La conexión de factores como una lluvia de 200 mm (de acuerdo con las autoridades), cambios en la cubierta vegetal debido a un incendio de al menos 1,000 hectáreas, degradación de los componentes del arroyo y cambio de uso de suelo, entre ellos para sembrar agave, son algunos de los factores preliminares identificados que pudieron causar el desastre.

Foto: Vianney Martínez Pérez.

Por: Mayra Vargas

Autlán de Navarro, Jalisco.- Una cadena de acontecimientos interconectados en la microcuenca El Cangrejo en Autlán de Navarro, provocó su desborde el pasado 25 de septiembre.

Anuncios

MEJORAVIT

La conexión de factores como una lluvia de 200 mm (de acuerdo con las autoridades), cambios en la cubierta vegetal debido a un incendio de al menos 1,000 hectáreas, degradación de los componentes del arroyo y cambio de uso de suelo, entre ellos para sembrar agave, son algunos de los factores preliminares identificados que pudieron causar el desastre.

Este resultado preliminar lo comparte el proyecto de monitoreo y divulgación con ciencia ciudadana “Vigilando ríos y arroyos”. Este proyecto es encabezado por la ingeniera en recursos naturales, maestra en ciencias en manejo de cuencas hidrográficas y doctorante en Instituto de Educación del Agua IHE-UNESCO, Enya Roseli Enriquez Brambila. 

Estos resultados surgen tras observaciones generales y con base en la experiencia y formación académica. Enriquez Brambila señala que entregarán un informe a las autoridades correspondientes, concretamente sobre lo que corresponde al arroyo.

Anuncios

APYSA

Foto: Página de Facebook Vigilando ríos y arroyos.

Causa multifactorial

Ese mismo lunes 25 de septiembre que ocurrió el desborde del arroyo, la especialista en manejo de cuencas hidrográficas, señala que hicieron un recorrido autorizado en áreas específicas de la microcuenca. 

“Hemos registrado observaciones y capturado imágenes con el objetivo de identificar cambios en la dinámica usual del arroyo, elementos externos y factores que contribuyeron al evento”, señala el comunicado en la página de “Vigilando ríos y arroyos”.

Según lo descrito, las observaciones, antecedentes y testimonios apuntan a una serie de factores preliminares interrelacionados. El primero, un incendio en época de estiaje que afectó al menos de 1,000 hectáreas en la parte alta de la microcuenca de El Cangrejo, con pendientes pronunciadas, cerca de la comunidad de El Jalocote.

El segundo factor mencionado por «Vigilando ríos y arroyos», fue la exposición del suelo sin vegetación, en zonas de montaña ya sea por incendio o tala, especialmente durante los últimos meses de calor. Esta situación lo hizo altamente susceptible a la erosión (arrastre de suelo y rocas) disminuyendo su capacidad de retención e infiltración.

El tercero; un evento de lluvia intenso. Durante pocas horas en la madrugada, con un registro de 200 mm por metro de acuerdo con información de Protección Civil municipal y estatal, esto a diferencia de lo ocasionado por el huracán Jova en 2011, que duró 18 horas, con una precipitación de 300 mm por metro cúbico.

“Tenemos ese gran volumen de sedimentos de rocas, que se van transportando y que crea un caudal  destructivo. Sin embargo cabe recalcar que los ríos y arroyos tienen una dinámica para transportar y regular este tipo de desagües. Por eso se necesita un territorio de arroyo para que este genere su dinámica”, explica Enya.

A la vez que estos materiales descendieron por el arroyo, se sumaron otros factores vinculados a la degradación de ríos y arroyos. Se trata de la ocupación del territorio del arroyo por construcciones y cultivos desde la parte alta hasta la parte baja en Autlán de la microcuenca.

Además, cambios en el uso del suelo en zona federal, pues se aprecian cultivos de agave. Pérdida de cobertura arbórea en zonas de ribera, reducción o estrechamiento, reduciendo su capacidad de transporte de agua, sedimentos y otros materiales, provocando el desborde, señala el comunicado del proyecto de monitoreo.

Otro punto, es el dragado de cauces, reduciendo su capacidad de retención y dispersión de los materiales que transporta, además de la acumulación de basura y otros residuos como escombros.

Durante el recorrido, la ingeniera en recursos naturales señaló que pudieron observar grandes árboles sanos, fuertes. “Vimos árboles agarrados  de las partes de la ribera de las partes del cauce fungiendo como barrera, donde controlaban ese paso de sedimentos, rocas, troncos que no fueron a dar más abajo. Entonces ahí identificamos un factor importante  del arroyo, que está en unas partes sanas”, detalló.

Sin embargo, también identificaron otras partes de ribera no tan sanas. Zonas en las  que se quiebran los troncos  y también partes donde no había ninguna vegetación ribereña. Además de la identificación de algunos árboles  aislados, árboles jóvenes  que no soportaron ese golpe y zonas donde no hay vegetación. 

Zonas donde se ven cultivos de agave. Foto: Página de Facebook Vigilando ríos y arroyos.

Vegetación ribereña por agave 

Además de estos tres factores de incendios, suelos vulnerables, y gran cantidad de lluvia, mencionados anteriormente, se suma un cambio de uso de suelo cercano a las laderas y cercano a la ribera.

“En lugar de ribera  teníamos agave y entonces en la ribera en la parte donde choca por ejemplo el cauce, no había raíces de árbol sino que estaban los agaves en suelo desnudo. Entonces ahí se ve cómo se carcome también parte del suelo, este suelo que no venía de esta montaña de incendios se fue agregando a través del arroyo por estas zonas de cambio de uso de suelo”, detalló Enriquez Brambila.

Un incendio que no había ocurrido en al menos 20 años

De acuerdo con Faviola Castillo Navarro, especialista en ecología del fuego y ecología forestal de la Universidad de Guadalajara, no se había presentado un incendio así en al menos 20 años. “Yo estuve consultando información en mapas, en imágenes de satélite en años anteriores y no encontré, de igual manera pregunté a habitantes en aquella ocasión que fui y me dijeron que no recordaban un incendio reciente en al menos 20 años”.

Este incendio en San Juan Cacoma tuvo todas las condiciones para ser intenso. De acuerdo con la investigadora, fue un incendio que inició porque se escapó la lumbre de manejo de vegetación en las partes bajas del límite de la zona forestal.

“La lumbre comenzó a subir, cuando la lumbre sube a favor de la pendiente suele generar mayores intensidades que si bajara por la pendiente y ese fue el caso. Comenzó a subir alrededor del mediodía las temperaturas estaban arriba de 30 grados centígrados, había rachas de viento  alrededor de 20 km/h y la humedad relativa empezó a disminuir considerablemente, entonces esas son las condiciones  que permiten que un incendio se vuelva intenso”, explicó.

Así se observa desde el espacio esta «herida» en el paisaje, con datos del sensor LANDSAT 9 en SWIR (Short-Wave Infrared, Infrarojo en Onda Corta). La imagen es del 21 de junio de 2023. Por: Oscar Cárdenas.

Castillo Navarro discrepa con la información que afirma que fueron 1,000 las hectáreas quemadas, pues ella calculó 665 hectáreas. Sin embargo, la cantidad que haya sido, la cama de combustible principal fue bosque de encino y de pino que fue donde hubo mayor intensidad. 

Comentó que la parte sur, la más baja en la pendiente era de pastizales con arbustivas. Ahí la severidad se calificó como de menor grado, porque esa vegetación se regenera con las primeras lluvias. En la parte más alta empieza bosque de encino, luego bosque de pino que tenía hojarasca, un mantillo de al menos 20 centímetros de profundidad. 

Tras el incendio, la investigadora regresó a la zona quemada. Lo que encontró fueron zonas extensas de ceniza blanca, lo que significa que no quedaron muchas ramas ni hojarasca. “No quedó nada, quedó pura ceniza en las partes más intensas sobre todo en las de bosque de pino  y quedaron bastantes árboles muertos en pie. Asumo que como estaba aun prendido,  la combustión residual pues eventualmente tuvieron que haber muerto y quizá el arrastre de detritos (resultado de la descomposición de una masa sólida en partículas) que se originó con la creciente de la lluvia, sean estos árboles precisamente que quedaron muertos en pie y que eventualmente cayeron al suelo”, explicó.

Este es el bosque húmedo de pino con encino en la parte alta antes de quemarse. Foto: Faviola Castillo.

¿Una tragedia anunciada?

De acuerdo con Navarro Castillo, hay que observar la orografía del área, es una zona con cañones muy  abruptos, con pendientes muy pronunciadas, arriba de 50% de inclinación. “Es muy fácil que por gravedad y el encañonamiento hace que el agua se atore junto con el detritos. Las ramas y los árboles muertos hacen que se atore el agua, hacen un tipo de presa y cuando empiezan a bajar piedras etc, deslaves, entonces agarra velocidad la creciente”, mencionó.

Otra de las cuestiones  que la científica observó, fue la tasa de infiltración del agua. Hizo un experimento después del incendio para investigar cuánto se infiltra en el suelo y cuánto se escurre.Observé que había una infiltración casi nula. Toda el agua que regué, toda el agua la volvía a captar en mis recipientes, no hubo infiltración  y eso me imagino que se debe a la fragmentación de la materia orgánica en partículas muy pequeñitas, que sirven como taponeo para los poros naturales de la textura del suelo”.

Con lo anterior, si aunamos pendientes pronunciadas, cañones, material grueso vegetal, y taponeo de la textura de los poros del suelo, esa combinación de ingredientes fue muy importante para lo que ocurrió, destaca la investigadora. 

El fuego en el bosque de pino. Esos árboles no murieron en el evento, pero se observa que los leños gruesos se consumieron casi en su totalidad por el fuego residual. Foto: Faviola Castillo.

Reconocer el territorio del arroyo y manejo de combustibles en bosques para prevenir 

Para Enya Roseli Enriquez Brambila, es importante conservar lo que queda de cobertura ribereña. También identificar las casas vulnerables que se encuentran cercanas a los arroyos para evitar futuros desastres. 

También destaca permitirle su espacio al arroyo, “es importante reconocer la capacidad del arroyo y de la importancia de sus elementos. Empezar a reconocer su territorio, yo sé que en ciertas partes se va a requerir obra pública e  ingeniería como es esta zona donde se redujo el cauce a un canal, pero es importante reconocer esos elementos. Las alianzas con los tomadores de decisiones, especialistas y ciudadanos”, expresó la ingeniera en recursos naturales. 

Por su parte, la especialista en ecología del fuego y ecología forestal mencionó, que para prevenir es necesaria la unión interinstitucional. Revisar los permisos de construcción,  en la forma en cómo se manejan las cuencas y cómo se manejan los bosques y las partes altas de las cuencas. 

Agregó que es necesaria una planificación de áreas naturales. Se debe planificar con criterios ecológicos, pues de no hacerse así se seguirá viviendo la misma situación en todas las zonas forestales.

Además señaló, que en términos del manejo del fuego, una de las estrategias que urge realizar es el manejo de combustibles y manejo de las áreas con fines de prevenir incendios de alta intensidad.
“Después de los incendios forestales se debe continuar con el manejo de combustibles residuales. Los árboles muertos en pie, los árboles en el suelo hay que hacerles un manejo para evitar sobre todo en las zonas de alto riesgo por el deslave que no vayan a ocasionar este tipo de cuestiones. Para ello se requiere que las brigadas  de combate de incendios u otras brigadas de restauración tengan empleo todo el año, no nada más en la temporada de incendios”, dijo la investigadora Faviola Castillo Navarro.

MV

Mayra Vargas Espinoza es una periodista mexicana radicada en Guadalajara, Jalisco. Es coordinadora editorial del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano (NCC Iberoamérica), miembro del Consejo Editorial de Letra Fría y responsable del área de Investigaciones Especiales. Principalmente cubre temas relacionados con la ciencia, entre ellos medioambiente y salud, además de comunidades indígenas y derechos humanos. Sus trabajos se han publicado en medios locales, estatales, nacionales y de América Latina. Forma parte de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia y de Chicas Poderosas México. En 2015 ganó el premio especial James Rowe al periodismo de investigación, otorgado por el Foro de Periodismo Argentino, mientras que en 2020 ganó el Premio Estatal de Innovación, Ciencia y Tecnología de Jalisco, categoría de divulgación científica, con el proyecto colectivo del NCC Iberoamérica. Cursó el taller internacional de periodismo cultural y técnico científico, organizado por la RAI Italia, junto con el Centro Italiano di Studi Superiori per la Formazione e l'Aggiornamento in Giornalismo Radiotelevisivo de Perugia.

Recibió mención honorífica en el 2do. Hackatón de Periodismo Científico e Innovación, organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Guadalajara, Jalisco, también en 2015.

Ha publicado trabajos en diversos medios como Aristegui Noticias, en la revista digital Votán MX y Zona Docs.

Desde 2017 es miembro de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia (Red MPC), con sede en la Ciudad de México y es miembro activo del Capítulo Juvenil Costa Sur de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco (BSGEEJ) desde junio de 2018.

Ganó el Premio Juventud 2019 en Autlán, Jalisco.

Periodista en Letra Fría desde 2013.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad